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Diálogos en Wall Street
La Fed se pronunció sin deparar sorpresas. Pero los mercados -en especial, los de bonos y monedas- entraron en erupción. ¿Por qué la súbita agitación? Con lujo de detalles, Gordon Gekko nos rescata de las cenizas de la confusión.

Gordon Gekko: Nada nuevo, nada que no supiéramos.
P.: Pero el revuelo en los mercados sugiere otra cosa.
G.G.: Dijo que hay que pasar el invierno. Admite que la economía se desaceleró, pero señala que los motivos son transitorios.
P.: No descartó la posibilidad de una suba de tasas en junio.
G.G.: Es posible, aunque es altamente improbable. Nada de lo que apunta el comunicado oficial hace pensar que la Fed esté considerando apretar el gatillo en su próxima reunión.
P.: Sin embargo, si la economía repunta, la Fed podría moverse tan temprano como en junio.
G.G.: ¿Se acabó el período de gracia? Sí. Ya no rige la necesidad formal de un preaviso ni de una reunión por adelantado. Pero eso también lo sabíamos.
P.: Uno mira el mercado de bonos, y ve el Tesoro a diez años rindiendo el 2,05%. Supo hacer piso en el 1,65%, se ubicaba en el 1,90% un par de días atrás y hoy se atrevió a cruzar el Rubicón del 2%. ¿Cómo que la Fed no removió el avispero?
G.G.: Esta vez, no podemos culpar a la Fed.
P.: ¿Cómo se entiende el salto de la tasa larga cuando, a primera hora, nos enteramos de que la economía de EE.UU. apenas creció en el primer trimestre? El consenso -que había recortado a un tercio el nivel de sus pronósticos- vaticinaba una expansión del 1% y las cifras oficiales cantaron el 0,2%.
G.G.: No es una Fed agresiva lo que sacudió el vecindario de los bonos. Y tampoco -es obvio- una economía rugiente.
P.: ¿Algún traspié inflacionario? Con las tasas cero y el estímulo ultrageneroso, la retaguardia no tiene defensas...
G.G.: Tampoco hay sorpresas allí.
P.: Es difícil de comprender, entonces...
G.G.: No lo niego. La pista la arrima el dólar.
P.: Es muy curioso. La tasa larga se dispara y el dólar, lejos de trepar, se derrumba.
G.G.: Fíjese que el comportamiento del dólar sí calza como anillo al dedo con la hoja de ruta de sus prevenciones. La Fed, cruzada de brazos, sigue siendo amigable. No meterá mano en las tasas cortas hasta que la economía recobre el pulso y dé mejores señales de vida. Es más, relea el comunicado: no habrá suba de tasas hasta que la Fed no pueda estar "razonablemente confiada" en que la inflación minorista regresará a su blanco del 2%.
P.: Lo del dólar es comprensible; lo de los bonos, no. ¿No es una contradicción notable? ¿Cuál es el eslabón que me estoy perdiendo?
G.G.: No me parece que la economía y la Fed estén impactando sobre el dólar y los bonos en simultáneo. Creo que el dólar sí está derramando una influencia negativa sobre los bonos.
P.: ¿Un problema de flujos? Al revertir la exposición larga en dólares, los inversores también deben estar liquidando los activos en que colocaron esos dólares, digamos, los bonos del Tesoro.
G.G.: Ésa es una forma clara de explicarlo.
P.: No sabemos si efectivamente es así.
G.G.: Hay más ruido que evidencia sólida.
P.: ¿Pero hay algún indicio que nos haga pensar que hay un cambio de portafolios en marcha?
G.G.: Una golondrina no hace el verano. La reacción de hoy puede apagarse mañana, y aquí no ha pasado nada. Y si hay algo que tienen los mercados de monedas es volatilidad.
P.: Pero ya hay quien dice que la tendencia alcista del dólar ha tocado techo...
G.G.: Vaya si eso no es volatilidad. Queda claro que este barquinazo va a contramano de las posiciones especulativas hoy favoritas en los mercados de derivados. Corto el euro y largo el Dax alemán, por ejemplo. Ayer, el euro llegó a encaramarse por encima de 1,12 y a la par el Dax se hundió el 3%. Es una Doble Nelson muy dolorosa. Pero no es una razón de peso para mudar la visión estratégica.


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