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Diálogos en Wall Street
La turbulencia no cesa en los mercados de bonos, y aunque Wall Street aguanta la embestida con gallarda apostura, no son pocos los que se preocupan.

Gordon Gekko: No se olvide que hablamos de bonos que son el refugio de la calidad.
P.: ¿Está en crisis la calidad? ¿Hay una mejoría tan acentuada en el mundo como para querer abandonar el refugio así; todos a la vez, y causando una desbandada?
G.G.: Si obra una mejoría económica, no es fácil advertirla. Pero sí es verdad que los activos que lucían más frágiles -como el euro o el petróleo- repuntaron sobremanera. Y su resurrección imprevista es lo que provocó el alboroto.
P.: Lo hablamos con usted tres semanas atrás cuando el revuelo, que vendría después, todavía no ocupaba espacio en los titulares. Lo llamativo es que el crescendo de las tasas largas no se haya calmado. Hoy (por ayer) a la mañana la tasa del bono del Tesoro a diez años se encaramó al 2,34%...
G.G.: Así son los mercados cuando huelen sangre. No les pida mesura, espere la exageración.
P.: ¿Hasta dónde?
G.G.: Llegado el caso, hasta la capitulación. Hasta que los inversores mal posicionados tiren la toalla.
P.: Quizás sea lo que vimos hoy en la plaza de los bonos del Tesoro.
G.G.: Es muy probable. En los bonos de 30 años, el derrape registrado constituye un evento excepcional, fuera del rango amplísimo delimitado por un intervalo de + / - 3 veces la dispersión. En el pasado, cuando esto ocurrió, señaló siempre un "techo" de las tasas en un tiempo no muy distante.
P.: Uno se pregunta -al ver este zafarrancho- qué podría pasar si el euro se fractura y Grecia sufre una expulsión de la moneda común. ¿Sabrá Europa con qué bueyes ara?
G.G.: Es un buen punto. Lo sensato es no tratar de comprobarlo; menos en las actuales circunstancias.
P.: Usted atribuye esta debacle repentina de los bonos soberanos -los de la mejor calidad que hay disponibles en el mundo- a un accidente "técnico" y no a una mudanza en los fundamentos de la economía...
G.G.: La hemorragia en las posiciones largas en bonos, largas en dólares (o cortas en otras monedas) requiere un ajuste, un torniquete. Hay que achicar su tamaño. Y esa tarea relativamente sencilla -cuando se quiso ejecutar en simultáneo, en un gran número de carteras- es lo que abrió un abismo en las cotizaciones. No de las monedas -que demostraron tener una suficiente liquidez secundaria- pero sí en los bonos del Tesoro. Las Bolsas europeas se movieron de lo lindo, también; pero con mejor capacidad de absorción. Y Wall Street, una vez más, se destacó como una bahía confiable.
P.: A pesar de su exagerada valuación.
G.G.: Pese a los dichos de Janet Yellen, quien aprovechó la volatilidad para lanzar sus dardos. Y pese al apalancamiento que supone una deuda en margen, récord.
P.: Hoy (por ayer) a la mañana parecía que al Dow Jones le había tocado la hora. Abrió con una caída de tres dígitos, pero pudo capear el temporal.
G.G.: Anótelo en la tesis tentativa de la capitulación.
P.: Ahora bien, si la inflación mundial repunta (y la suba del petróleo es el viento de cola más poderoso para dicho fin) quizás entonces la suba de la tasa larga tenga otra explicación, más mundana, y preocupante, que un mero estrangulamiento de compras y ventas.
G.G.: Seguro. Pero entienda que a la suba de tasas -al día de hoy- no la conduce el temor a la inflación. Las tasas de los TIPS -de los bonos del Tesoro que están protegidos por la inflación- trepan prácticamente a la par. ¿Que la inflación puede escalar? Sí. Pero le está tomando tiempo. En todo caso, que la economía se enfríe y que el crudo vuelva a sobrar es mucho más probable.


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