6 de abril 2016 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Wall Street está a tiro de los máximos, tiene la venia de Yellen, pero no el guiño de los fundamentos. Así remata Gordon Gekko, nuestro hombre en Manhattan, una rica conversación sobre los avatares más recientes del mundo de las finanzas.

Periodista: La amenaza de la Fed salió del radar, pero el rally se quedó sin fuerzas. ¿Cuál es el peligro ahora?

Gordon Gekko:
No se puede escalar todos los días.

P.: ¿Se frenó la economía de los EE.UU.? ¿Volvemos a temer la posibilidad de una recesión?

G.G.:
Sí y no, respectivamente.

P.: Pero la Bolsa se cura en salud.

G.G.:
Dio un paso al costado mientras repone el oxígeno. Descansa.

P.: Se pensaba que la economía podía crecer al 2%/ 2,5% en el primer trimestre. Los números hoy no llegan al 1%.

G.G.:
Ni eso. La última estimación de la Fed de Atlanta se redujo del 0,7% al 0,4% tras conocerse el parte mensual de la venta de automóviles.

P.: Las ganancias de las compañías retroceden, la economía sufre de anemia, y el rally accionario acaricia los récords absolutos. No me diga que no es para preocuparse.

G.G.:
La economía pisa más fuerte que lo que sugieren los números del trimestre. La creación de empleo se preserva por encima de los 200 mil puestos netos por mes. Hay un repunte en la actividad manufacturera, según los informes regionales. Y hoy (por ayer) sorprendió la robustez del renglón de servicios, medido por el Informe ISM. Que se desacelere el gasto de consumo -que es lo que deprime la proyección del PBI- no es problema que inquiete demasiado. Creció muy vigoroso en el cuarto trimestre. Y tiene resto para volver por sus fueros.

P.: El consumidor estadounidense goza de buena salud.

G.G.:
Es una de las pocas certidumbres a prueba de balas. Cortesía del shock petrolero, por supuesto, que le aumentó el ingreso disponible significativamente.

P.: EE.UU. no preocupa. El resto del mundo, sí.

G.G.:
La escuchó a Janet Yellen. Debemos obrar con cautela por los riesgos de estabilidad financiera y económica global.

P.: La Fed obrará con cautela, pero los inversores se han movido con mucha agresividad. El rally es un botón de muestra.

G.G.:
Hoy por ti, mañana por mí.

P.: ¿Desapareció la reunión de abril como escenario para una suba de tasas?

G.G.:
Los halcones hicieron todo lo posible para montarlo, pero Yellen es quien corta el bacalao. Y Yellen los dejó hablar para después afirmar lo contrario. No hay cómo ignorar el mensaje de paz.

P.: Daría la impresión de que existe algo así como un Acuerdo de Shanghái después de la reunión del G-20.

G.G.:
Cuando uno ve al yen en un máximo multianual tiende a pensar en una conspiración. Pero no hay pruebas de nada. Ni tampoco ninguna reivindicación de parte de las autoridades.

P.: Yellen cambió su posición en una baldosa, ¿no es la mejor prueba de que se pactó una tregua?

G.G.:
Es la pista mejor orientada, pero no prueba mucho. Una golondrina no hace el verano.

P.: Cesó la tensión cambiaria. Y Yellen se ocupó de puntualizar el trauma que supone un dólar fuerte sobre las exportaciones y el crecimiento en los EE.UU.

G.G.:
El tiempo dirá si la mudanza de Yellen es un ejemplo de coordinación internacional de políticas. Por supuesto, exista un compromiso de cooperación o no, que la Fed ponga especial énfasis en la estabilidad global calza como anillo al dedo.

P.: La Fed dejó de ir a contramano del resto del mundo.

G.G.:
De acuerdo. Y no nos sacudirá el bote en lo que resta de abril. Y, al menos, en buena parte de mayo. Pero, si la economía y los mercados se afianzan, tal vez regrese a la carga en junio. Sin consultar con nadie.

P.: El rally está en el umbral de los récords, ¿no cree que la tregua es la excusa ideal para atreverse a superarlos?

G.G.:
Pero hay que tener con qué, no alcanza con la venia de Yellen. Los fundamentos también tienen que guiñar el ojo.

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