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Diálogos en Wall Street
Bastaría soplar para devolver a Wall Street al terreno de los récords, dice Gordon Gekko, nuestro veterano en la trinchera de los mercados internacionales. He aquí la entrevista.
Gordon Gekko: A principios de año la perspectiva era incendiaria, el Apocalipsis ya. Y hoy, si alguien sopla, se arma una fiesta. Créase o no, los mercados clavarían un nuevo récord. El índice S&P 500 volvió a pisar los 2.100 puntos. El máximo histórico, de mayo del año pasado, está a un 1,5% de distancia. Son apenas 31 puntitos más.
P.: No se observa el marco que uno esperaría para tan magno acontecimiento. No hay brillos.
G.G.: Siempre se acota que los mercados alcistas se levantan trepando una muralla de preocupaciones. Nunca mejor dicho.
P.: Parece una suba a reglamento. Ni siquiera bulle un derroche de entusiasmo.
G.G.: Es un rally que se abre paso a contramano, ya lo puntualizamos.
P.: Que ha llegado más lejos de lo que uno podía imaginar. Y también, creo yo, de lo que sería razonable.
G.G.: No hubiéramos avanzado tanto sin la inestimable colaboración de la señora Yellen. Con la postura que tenía la Fed a comienzos de año, tras el primer retoque de tasas de interés en diciembre, no había plafond para acrobacias.
P.: La Fed mudó de opinión en la reunión de marzo. Aunque no todos participan de la idea de suavizar la marcha hacia la normalización de las tasas de interés...
G.G.: No. Pero Yellen decide, y no dejó lugar a dudas. La Fed, yo diría todos los bancos centrales del G-7 y China, se han plegado a una tregua. Muy conveniente para todas las partes, y que les devolvió los signos vitales a los bonos de alto riesgo, los commodities y los emergentes, amén de colocar a Wall Street, como quien no quiere la cosa, otra vez en un pedestal.
P.: La Fed demora la suba de tasas, China no devalúa, el BCE y el Banco de Japón se quedan de brazos cruzados, después de todo lo que han hecho, y aceptan que se aprecien el euro y el yen, respectivamente.
G.G.: En el margen es así.
P.: Nadie hace nada. Es un pacto de brazos cruzados, y, gracias a ello, el mundo cambió.
G.G.: Se desactivó el fantasma del superdólar. No es poco. Era lo que estaba estrangulando el horizonte, lo que nublaba el futuro de la economía y los mercados internacionales. Simple, pero eficaz.
P.: La tradición es que el dólar pertenece a la quinta que vigila el Tesoro. La Fed no suele entrometerse.
G.G.: La Fed metió más presión en la olla global diciendo que iba a subir las tasas de interés por la vía de la apreciación del dólar (y la proyección de un dólar muy fuerte hacia delante) que por la solitaria elevación de las tasas de fed funds en un cuarto de punto. Y eso es lo que Yellen corrigió. Fue muy explícita en su discurso en el Club Económico de Nueva York. En la ecuación de la Fed, en la versión aggiornada, la inestabilidad financiera internacional tiene una ponderación -con signo negativo- que no tuvo nunca antes.
P.: Los mercados de riesgo, agradecidos.
G.G.: Volvió el afán de tomar riesgo. Tenga presente que en el pronóstico de un barril de crudo a 20 dólares, el determinante no eran los fundamentos del mercado, sino la apreciación del dólar y su efecto corrosivo.
P.: ¿Se justifica que la Bolsa sobrepase los máximos simplemente porque el dólar deja de rugir?
G.G.: Por supuesto que no. Pero la apuesta es que se corte la "recesión de ganancias" empresarias. Y el dólar fuerte, y la debilidad del petróleo y las materias primas, tuvieron mucho que ver con ese traspié. Si el mundo recobra la vertical, si cesa el castigo sobre las economías emergentes, el dólar se calma y los commodities repuntan, que es lo que vemos, las ganancias contables brotarán de nuevo. Quizás en el trimestre en curso. Y en ese caso, lo que hoy no parece razonable, en poco tiempo más puede tener justificación. La Bolsa es inquieta, siempre husmea lo que tiene por delante. Máxime si le cuidan las espaldas.

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