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Diálogos en Wall Street
Subió vigoroso el petróleo ayudado por problemas de suministro en Canadá y Nigeria, lo acompañó un arco amplio de materias primas, y la Bolsa -que venía cascoteada- se trepó al avance como furgón de cola. ¿Durará? Gordon Gekko, nuestro experto en los mercados de capitales internacionales, se explaya a gusto en la entrevista que sigue.
Gordon Gekko: Salió de la vaina muy afilado, por cierto, aunque con escaso volumen de negocios.
P.: Aun así la señal es clara. Es la mejor rueda del Dow Jones desde marzo. No está pensando en la retirada.
G.G.: La Bolsa soportó bien las malas noticias. Con entereza, y una declinación mesurada. Ahora que el petróleo arremetió con precios más altos, no hubo titubeos, las acciones se montaron con ganas a la ola alcista.
P.: El crudo de Brent trepó el 4%. El gas natural, casi el 3%. Pero la lista es larga, son varios los commodities que estuvieron picantes en Chicago.
G.G.: Hoy la soja voló (más del 5%). El café, el jugo de naranja, el ganado en pie le siguieron la estela de cerca. Fue una ofensiva relámpago muy amplia. Es el día y la noche con respecto al sentimiento tembloroso de principios de año. Aquí no hay ninguna retirada.
P.: ¿Estamos listos para dar otro zarpazo con los activos de riesgo, o es una embestida apresurada?
G.G.: A mi gusto, es demasiada suba, demasiado rápido. Madura la necesidad de una tregua, como se precisa intercalar los descansos en una escalera muy larga.
P.: Así parecía, pero la resurrección sugiere otra realidad. Más vibrante.
G.G.: Tiempo al tiempo. No creo que haya razones para apurarse. Una golondrina no hace el verano. Cuando el dólar rebotó de su larga siesta, la semana pasada, hizo notar las fisuras. Hoy (por ayer) el dólar se calmó. Y despejó el camino para este avance punzante de las materias primas pero, a las cotizaciones vigentes, después de una recuperación tan violenta desde valores mínimos, yo pisaría con cautela. Las grietas están ahí aunque el frenesí de hoy las tape. Es un recorrido muy extendido, de febrero a esta parte, como para suprimir la necesidad de una escala técnica intermedia.
P.: Ya nadie habla del piso del petróleo, todos dan por hecho que el piso de los precios quedó atrás; la pregunta en boga es cuánto más trepará.
G.G.: El vaso medio vacío no satisfacía a nadie; ahora se lo ve medio lleno y despierta entusiasmo.
P.: ¿Qué cambió?
G.G.: En el mercado del petróleo en sí mismo, no mucho. Todavía rebalsan los inventarios. Cambió la agresividad de la Fed, se debilitó el dólar, y salió de escena la amenaza de una suba sostenida de tasas en EE.UU. y el fantasma del superdólar que era una espada de Damocles sobre los activos de mayor riesgo. Es fácil de comprobar esa mudanza.
P.: Es otro mundo.
G.G.: Es el mismo terreno de labranza, muy pedregoso, pero el cielo ya no está encapotado.
P.: Y son otros, muy otros, los precios.
G.G.: Correcto.
P.: Lo difícil es calibrar cuál es el aumento de cotizaciones razonable, y no pasarnos de un extremo al otro.
G.G.: Al menos no hay euforia. Wall Street tiene un techo cercano, uno diría una losa firme por delante, que no resultará sencillo horadar sin una mejoría verificable de los fundamentos. El interés creciente por el petróleo, los commodities, los mercados emergentes, los bonos basura se basa en que el castigo que recibieron fue desmesurado. En la agonía por la suba de tasas que la Fed prometió despachar, tuvieron que absorber una salida feroz de recursos, los efectos adversos de un cambio drástico de portafolios. En consecuencia, los precios hoy pueden trepar muchísimo sin entrar en una zona de sobrevaluación.
P.: Les ve margen, entonces, para que continúen con su recomposición.
G.G.: Seguro, pero eso no implica, después de lo que ya escalaron, que tengan que avanzar como una exhalación. Menos que menos todos a la par. Esa es señal nítida de exageración.


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