31 de agosto 2016 - 00:20

Diálogos en Wall Street

Que la Fed sube las tasas en septiembre. O que no, que lo deja para fin de año. Ese es el dilema -de entrecasa- que heredamos de la cumbre mundial de banqueros centrales. Este viernes, dice Gordon Gekko, nuestro hombre en Manhattan Sur, el informe de empleo de los EE.UU. debiera darnos más pistas.

Diálogos en Wall Street
 Periodista: Se habló mucho en Jackson Hole, y de los grandes temas de la política monetaria, pero la conclusión es muy chiquita. Nada cambia. A lo sumo, Janet Yellen subirá las tasas en septiembre, o más probablemente en diciembre. Pero no va a estrenar ninguna política revolucionaria.

Gordon Gekko: En especial, si hay algo que no le gusta y no piensa llevar adelante, son las tasas negativas. Todo lo demás, hoy no, pero mañana quién sabe. Sin embargo, para la Fed, según enfatizó Yellen, las tasas deben tener un piso nominal positivo de 12,5 diezmilésimos al año. Fijado manu militari en el gráfico explicativo que acompañó su disertación.

P.: Es curioso, porque invitaron a un orador -Marvin Goodfriend, de Carnegie Mellon -, que hizo un panegírico de las tasas negativas de interés, y vaticinó que todo banco central las tendrá en un futuro, como mínimo, en la guantera.

G.G.:
No están en la cartera de la dama. Eso nos quedó muy claro.

P.: Más curioso todavía que en esta Feria de los Bancos Centrales que es la reunión de Jackson Hole todas las exposiciones hayan versado sobre la ductilidad de la política monetaria para proveer más estímulo, y que el mensaje práctico que tomaron los mercados fue que hay que prepararse para otro retoque al alza de las tasas cortas.

G.G.:
Eso también se dijo. No puede pasarse por alto.

P.: Yellen no fue muy categórica. Stanley Fischer, su número dos, sí; pero en declaraciones a la televisión, no en la parte académica de la reunión.

G.G.:
¿Qué parte no entendió? Acá todo vale.

P.: Efectivamente, los mercados quedaron con la espina clavada. Están "tocados".

G.G.:
¿Cuál es el sector de la Bolsa que navega mejor este aguacero? Las acciones financieras, los bancos, que son los que se beneficiarían de operar con tasas más altas.

P.: Cambiamos el casete, entonces.

G.G.:
Hasta que se corra el telón del informe laboral el viernes. Si el número llegase a ser muy sólido, la posibilidad de que la Fed gatille en 3 semanas ahí sí será tomada muy en serio. Hoy no deja de ser una finta.

P.: ¿Piensa que la Fed estará dispuesta a seguir adelante con una suba de tasas cuando en paralelo entramos de lleno en la campaña presidencial?

G.G.:
Si los números del empleo son robustos, las chances percibidas de un ajuste en septiembre sobrepasarán el 50%, y obligarán a un replanteo.

P.: ¿Qué cifra es la divisoria de aguas?

G.G.:
Otro registro por encima de 200 mil nuevos puestos de trabajo.

P.: La Fed no va a tocar las tasas cortas y quedar atrapada en el fuego cruzado de los dos candidatos. ¿O ahora cree que sí?

G.G.:
Si algo quiere Fischer, es que nos preocupemos por un escenario en el cual la suba de tasas es inexorable. Y si la creación de empleos es una cifra importante, habrá conseguido su objetivo. La decisión de elevarlas o no es lo último que se resuelve. Primero hay que meter presión, y después hay que chequear que el medio ambiente lo soporte y no se resquebraje. Si la economía confirma su repunte vamos hacia allá, al examen sobre el terreno.

P.: Con suba de tasas y todo.

G.G.:
Con suba de tasas sólo si también los mercados escalan, y soportan operar bajo condiciones hostiles. La Fed puede subir las tasas en septiembre, lo que no se perdonaría es provocar un sismo en los mercados (o la economía) e influir en el desenlace electoral.

P.: Lo razonable es esperar. Total ya nos hemos demorado tanto que no habrá premio por puntualidad. Salvo que exista una urgencia.

G.G.:
Nada hay que no pueda postergarse hasta diciembre.

P.: ¿Cómo saldrán parados los mercados emergentes a medida que esta cuestión se dilucida? El año pasado la suba de tasas de la Fed fue una agonía. A un costo que todavía lastima.

G.G.:
El año anterior había una cuantiosa salida neta de capitales de los mercados emergentes, la mayor hemorragia desde los años 80. Es el día y la noche. Los flujos de ingreso ahora no se detienen pese a que la suba de tasas es una posibilidad cercana. Mire los spreads de los bonos basura, no sólo de emergentes, y verá cómo se recortan sin siquiera pestañear. Es otra templanza. En buena medida porque el dólar fuerte era un taladro el año pasado, y hoy por hoy brilla por su ausencia.

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