4 de enero 2017 - 23:09

Diálogos de Wall Street

Comenzó 2017 con pie (y dólar) muy firme. Pero con Gordon Gekko rescatamos una perla: la apostura con la que los bonos aguantaron el chubasco. ¿La tasa larga hizo techo? Sí, arriesga Gekko.

Periodista: Arrancó 2017 y el "superdólar" embistió como punta de lanza. Se despertó de su siesta y con muchas ganas. ¿Qué pasó?

Gordon Gekko: Se encontró con una tirada de números propicios. No hay nada mejor para alentar un avance que recibir la evidencia fresca a favor.

P.: ¿La economía de los EE.UU. responde, por fin, acorde a la robustez de las expectativas?

G.G.: La data dura todavía es remisa, pero empieza a aflorar información positiva, ya no sólo en los informes de sentimiento. Aumentó el gasto de construcción y, pese a la debilidad que registra la producción industrial, el Informe ISM manufacturero, en su versión de diciembre, dio un salto importante. Clavó un máximo de los dos últimos años y medio.

P.: ¿Esto es una mejora concreta, ya, o un testimonio de fe en el futuro inmediato?

G.G.: Se registra un aumento de la producción presente y de nuevas órdenes de pedidos, recién cursadas, que hacen pensar en una dinámica industrial que se tornará más favorable. El final de 2016 es bueno y todo indica un 2017 que se alista para acelerar el paso.

P.: ¿Qué tan creíble es una encuesta cualitativa como el Informe ISM?

G.G.: El renglón de nuevas órdenes es un predictor confiable. De hecho, la Fed de Atlanta actualizó su pronóstico NowCast para el cuarto trimestre, y lo elevó del 2,6% al 2,9% tras conocerse la noticia.

P.: Está claro que, sea como fuere, el dólar lo dio por señal válida. Y la Bolsa también, solamente que la pujanza de las acciones esta vez quedó contenida.

G.G.: Comenzaron con grandes bríos y luego el impulso se fue apagando...

P.: También el petróleo arrancó con todo.

G.G.: Un mes atrás, armábamos una fiesta de cabo a rabo.

P.: Ya no más...

G.G.: No hay urgencia -ni desesperación - por trepar. Y cuando surge hay oferta disponible, se la atiende y satisface sin grandes aspavientos.

P.: Da la impresión de un mercado que pudo reordenar sus portafolios, que tiene la cartera que desea. ¿Me equivoco?

G.G.: Es así. Si hoy hubo que cubrirse tras las noticias, se lo hizo sin provocar destrozos y las subas de precios se moderaron durante la rueda. En noviembre no era posible. Los inversores tenían muy poca exposición al equity (acciones) y demasiada duración, muchos bonos de largo plazo. A grandes trazos, por lo menos, el reacomodamiento de carteras terminó.

P.: ¿Y qué ocurre con los bonos? La tasa larga es una espada de Damocles sobre la suerte de los activos de riesgo y hasta hace un par de semanas no lucía en manos firmes...

G.G.: Es la otra cara de la moneda. Ni las acciones se desbocan ni los bonos se desbarrancan. Y conste que el Informe ISM trajo una novedad muy interesante. El renglón de precios fue el más dinámico de todos, escaló más que la producción o las nuevas órdenes de pedidos.

P.: ¿Los precios que carga la industria están subiendo más rápido?

G.G.: Son los precios que paga la industria, es un escalón anterior a los precios de venta. La lectura de noviembre era de 54,5 y el mes pasado fue de 65,5.

P.: ¿Inflación mayorista en fuerte alza?

G.G.: No, necesariamente. Pero cada vez más compañías enfrentan precios en ascenso de sus insumos. Es una medida de difusión, mide a lo ancho; no necesariamente a lo alto.

P.: Le robo la conclusión porque la tasa larga no es tapa de los portales. ¿Ya vimos el "techo" de las tasas? ¿Los bonos están vacunados contra la fiebre reflacionaria?

G.G.: Uno diría que sí. El techo fue el 2,64% a mediados de diciembre. Hoy (por ayer) la tasa reaccionó en alza y superó un 2,51%. Simplemente no duró. No pasó del cielorraso. En estos momentos merodea un 2,45%. La economía tendrá que confirmar lo que promete -o Trump redoblar su apuesta agresiva- para que los bonos vuelvan a las andadas.

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