24 de mayo 2017 - 23:04

Diálogos de Wall Street

A una semana de los temblores que provocaron los presidentes Trump y Temer, cada uno con su escándalo, le consultamos a nuestro hombre en Manhattan qué huella dejaron en Wall Street.

Diálogos de Wall Street
Periodista: Pasó el temporal. Renace la calma. El presidente Trump se fue de viaje. El presidente Temer se aferra al sillón. ¿Qué saldo queda? ¿Falsa alarma? ¿O un botón de muestra? ¿Es un aperitivo antes del plato fuerte?

Gordon Gekko: Trump y Temer se agitaron, la semana pasada, en la misma coctelera. Pero no se han mezclado. Son dos fenómenos distintos, que van por cuerda separada aunque vistan ambos el traje del escándalo.

P.: Es una buena noticia. Si no hay contaminación, no se potencian.

G.G.: Juntos serían dinamita.

P.: La primera impresión, tres ruedas y media después, es que a Wall Street le resbaló el affaire Comey y su bendito memo. Está acostumbrada a cargar con el Rusiagate.

G.G.: El índice S&P 500 merodea los récords de nuevo. Tiene razón. Pero esa es la segunda impresión. La primera fue verlo doblarse el miércoles pasado. Acusó el golpe.

P.: Y se recompuso. A pleno.

G.G.: De acuerdo. Pero habrá más golpes. Y ya lo dice el saber popular: tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe.

P.: ¿Habrá más incidentes?

G.G.: El exdirector del FBI, James Comey, irá al Congreso. Y antes deberá declarar ante Robert Mueller, el nuevo investigador encargado del Rusiagate. Uno se imagina que saldrá a la luz una catarata de memos porque Trump ejerció presión intensa durante mucho tiempo.

P.: Comey no las tendrá todas a favor en el Congreso.

G.G.: Por supuesto. Y usted podrá decir, al fin y al cabo, que es su palabra contra la del Presidente.

P.: Igual nunca es bueno meter ruido sobre temas tan delicados.

G.G.: A esta altura, es inevitable. Si Trump quería conservar un perfil bajo, debió mantenerlo a Comey en su sitio. Es mucho más peligroso ahora, lastimado y a la intemperie. Pero Comey es sólo una de las fuentes de dolores de cabeza. Las filtraciones desde adentro, que alimentan de continuo a los grandes diarios, son una canilla abierta.

P.: ¿Piensa que la incertidumbre política le doblará el brazo al rally?

G.G.: Es una gran excusa si el rally necesita tomarse un descanso. Dejamos atrás la temporada de balances, que obró a manera de estupendo inflador de expectativas positivas. Mañana (por hoy) recibiremos las minutas de la Fed y si el banco central machaca con la suba de tasas el próximo 14 de junio, si suena agresivo, nos bajará las defensas. Y por ahí puede colarse otro golpe.

P.: Resbalón no es caída. ¿O piensa que puede sobrevenir un revés importante?

G.G.: La Bolsa corrigió el 2,5% desde los máximos y ya está probándolos de nuevo. ¿Habrá pasado lo peor? Porque, en verdad, los inversores reaccionaron como si perdieran el último tren del mercado bull. La volatilidad esperada, medida por el VIX, saltó el 50% impulsada por un resorte, y luego retomó la siesta. ¿No pasó nada? ¿Medio mundo está corto el VIX y no hubo más que un sofocón puntual y se acabó?

P.: Es curioso.

G.G.: Si usted ve a la tasa larga hundirse otra vez, digamos la de 10 años volver a dirigirse a 2,20% o perforarlo; y, sobre todo, si es con ausencia de noticias, desconfíe. Aun con la Bolsa clavando otra tanda de récords.

P.: ¿Por qué se replegaría la tasa larga? Digo, si no la empujan las malas noticias.

G.G.: Sería la tercera suba de las tasas cortas desde diciembre. Uno nunca sabe cuándo es demasiado. La curva de rendimientos se aplana cada vez más. La economía no se desboca. Todo lo contrario. Y quizás alguien se asuste.

P.: ¿Qué impacto produjo el escándalo Temer en Wall Street?

G.G.: Una Bolsa que, de buenas a primeras, cae a plomo, se hunde el 9% y pierde todo lo bueno hecho en el año, concita la atención. ¿Es un incendio, y tengo que protegerme, o son fuegos artificiales, un espectáculo a distancia? Cuando Trump era sinónimo de superdólar y tasas largas en alza, y una amenaza para el mundo, otro hubiera sido el impacto. No es el caso ya. No hubo contagio. Con Emergentes todo bien, aunque Brasil reavive su crisis política. Es su problema. Punto.

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