18 de octubre 2018 - 00:06

Diálogos de Wall Street

La pulseada continúa. La Bolsa se hunde, recupera con fuerza y vuelve a dar un paso atrás. Los muy buenos balances le dan una mano pero no alcanzan para dejar atrás las dudas. Hablamos con Gordon Gekko, nuestro experto en mercados internacionales, sobre los desafíos del corto plazo.

Diálogos de Wall Street
Periodista: El presidente Trump está que trina con la suba de tasas que impulsa la Fed. La Bolsa, tras arrasar con los récords, titubea justo cuando se aproximan las elecciones de mitad de término. Y los sondeos de opinión no son alentadores.

Gordon Gekko: Tenemos todos los tickets para asistir a un gran espectáculo. Trump no se va a quedar con la boca cerrada. Dará batalla, va a inflamar su discurso, hará todo lo posible para enderezar la navegación y arribar primero a la meta.

P.: Acaba de afirmar que la Fed es su principal amenaza. Ya no son los extranjeros ni la perfidia de China sino su "elegido", Jerome Powell, y la tozudez en elevar, sin prisa pero sin pausa, las tasas cortas. ¿Qué cabe esperar?

G.G.: No hay mucho por hacer. El banco central ya izó las tasas en septiembre y no hará nada más antes del 6 de noviembre, que es la fecha de concurrir a las urnas.

P.: Y en diciembre, leo las minutas de la última reunión, todo indica que tendremos otra suba.

G.G.: De no mediar catástrofe imprevista, sí.

P.: ¿Por qué insiste tanto Trump entonces?

G.G.: Porque es gratis. Nadie piensa que la Fed mudará su posición porque el presidente la hostigue una y otra vez. Y algún rédito recogerá la Casa Blanca como para persistir lanzando dardos.

P.: Es un discurso peligroso.

G.G.: De acuerdo. Y en algún momento no descarto que haga mella. O en la credibilidad, o en el propio proceso de toma de decisiones de la Fed.

P.: Paradójicamente, si Trump no afloja con sus críticas, podría terminar bloqueando una decisión de suspender el aumento de tasas de interés ante el temor de aparecer "cediendo" a las presiones oficiales.

G.G.: Tal cual. Sobre todo, si esa decisión es meramente preventiva y no la respuesta a un deterioro visible de la data económica.

P.: ¿Qué pasa con la Bolsa? Octubre es terreno minado. Pero cuando parece que se desbarranca es capaz de resucitar con tremendo vigor.

G.G.: La realidad de las compañías es muy buena. Los balances lo confirman, y sobre todo la orientación que dan las gerencias. Pero todo el mundo pisa con pie de plomo, las cotizaciones son elevadas, y cualquier error individual, o decepción, se paga sin contemplaciones. Sin excepción, aunque sean papeles estrella.

P.: Lo positivo es que las valuaciones se limaron sensiblemente.

G.G.: Es el gran aporte del año. Las acciones no están caras a menos que la economía se precipite en un fin de ciclo.

P.: Powell será una amenaza para Trump pero no para Wall Street.

G.G.: Las políticas de Trump son la espada de Damocles. No tiene lógica acelerar cuando ya viajamos rápido en pleno empleo, con tasas de desocupación que son magras y continúan en baja.

P.: ¿Y por qué entonces Wall Street no vuela en procura de otra tanda de récords?

G.G.: Porque ya lo hizo en septiembre. Se extendió en demasía y cargó fuerte las posiciones. Cuando la Fed de Powell nos avisó que la suba de tasas iba para largo, al igual que la expansión de la economía, tocó un flanco vulnerable, la sobre-exposición. Pero el mensaje no es malo para las acciones. Obliga sí al mercado de bonos a repensar sus proyecciones de precios, y ello disparó un alza pronunciada de las tasas largas que -a modo de carambola- golpeó a la renta variable. Es un roce circunstancial.

P.: Sin embargo, cuando la Bolsa reculó con fuerza, también se recortó el avance de las tasas largas, y la presión se moderó.

G.G.: Convengamos que las tasas largas tampoco hubieran subido si no era por la incitación de Powell. La inflación, que fue una compañía sospechosa todo el año, se llamó a sosiego los dos últimos meses y desarmó otra fuente de escozor. La verdad es que Trump no tiene motivo para quejarse salvo el timing inoportuno del traspié de las acciones, pero ello no borra todo lo bueno que hicieron durante el año ni lo que puede venir con la estacionalidad propicia asociada a las fiestas.

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