“El fuego secreto de la serpiente” es el título de la más reciente muestra de Diego Perrotta en el Palais de Glace. Un montaje excelente, con obras de fuerte colorido y valor simbólico, que hipnotiza al espectador.
Perrotta. Las serpientes y dragones del artista en el Palais de Glace.
La obra de Diego Perrotta (Buenos Aires, 1973) es contundente, barroca, excesiva. "El fuego secreto de la serpiente" es el nombre elegido para su muestra de pinturas, dibujos, acuarelas y esculturas realizadas en los tres últimos años de su producción. El excelente montaje de esta sala circular permite un recorrido que desemboca en su parte central con unas esculturas níveas, "El guardián", "La muerte", "El matasiete", "El diablo", que contrastan con el vibrante color característico de este artista.
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Naranjas, rojos, turquesas, amarillos y verdes a los que el artista no les teme, como tampoco a una narrativa ligada a la lucha entre el bien y el mal, con preminencia de este último, en cierta forma, una alusión a los hostiles tiempos que nos toca vivir y que han estado presentes a lo largo de la historia. Perrotta se sirve de leyendas en las que la serpiente es protagonista junto a dragones feroces que atacan al hombre. Se sabe que la serpiente es por antonomasia el símbolo de la energía, de la fuerza, un animal dotado de fuerza magnética. Jung señala que es un símbolo de la angustia, y expresa una anormal animación del inconsciente, es decir, una reactivación de su facultad destructiva.
En cuanto al dragón, se lo asocia a lo demoníaco, al mal, a la destrucción, encierra nuestra parte oscura, mientras que la combinación serpiente-dragón está dentro de nuestro ser profundo y puede desatar el caos. Inquietantes, las imágenes llevan a estas asociaciones cuando vemos que los humanoides o animales que pueblan los cuadros, todos, miran fijamente, traducción de un vocablo griego cuyo origen hace referencia al poder fascinante e hipnótico de la mirada de la serpiente, que por otro lado, no tiene párpados.
También aparece el uróboros, un dragón serpiente que se muerde la cola, símbolo de todo proceso cíclico y en especial del tiempo. La historia del arte está llena de estos animales fabulosos, recordemos el San Jorge de Carpaccio o el de Rafael, pero como señala María Teresa Constantín en el prólogo del catálogo, "para Perrotta son excusas para hablar de miedos y temores, lo que acecha en la oscuridad y espera el momento oportuno para atacar"; se refiere a los vaivenes sociales y políticos en el mundo y en nuestro país, los desastres que el hombre ocasiona. Satanismo, alquimia, fusión de leyendas que se mezclan con una naturaleza de carácter erótico tan acechante como los personajes o animales de fábula que constituyen un lenguaje absolutamente Perrotta. Una exposición que más allá de una suma de cuadros constituye una instalación poderosa y ritual.
Clausura el 20 de noviembre. (Palais de Glace, Posadas 1725. Entrada libre y gratuita. De martes a viernes de 12 a 20, sábados, domingos y feriados de 10 a 20).
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