7 de julio 2010 - 00:00

Dignidad celeste, festejo naranja

Diego Forlán se retira amargado por la derrota. Tabárez lo sacó faltando 8 minutos para que no se profundice su lesión.
Diego Forlán se retira amargado por la derrota. Tabárez lo sacó faltando 8 minutos para que no se profundice su lesión.
Uruguay luchó hasta el final, pero no pudo. Holanda supo imponer su juego, por momentos lujoso y por otros práctico, y llegó a la final, por lo que el campeón mundial será europeo, por primera vez fuera de su continente en la historia de los mundiales.

El equipo del «Maestro» Tabárez fue un digno perdedor y hasta soñó con un empate y alargue, cuando Maximiliano Pereira pudo descontar cuando empezaba el tiempo adicional. Tanto que Holanda, que dos minutos atrás se floreaba, terminó pidiendo la hora casi con desesperación.

Uruguay planteó el partido para lucharlo en la mitad de la cancha. Por eso a los habituales Diego Pérez y Arévalo Ríos se sumó Walter Gargano para marcar y raspar tratando de no hacerles fácil la cosa a Sneijder, Robben y compañía.

Holanda abrió el partido con un zapatazo impresionante de Giovanni Van Bronckhorst que dejó sin chances a Muslera y allí pareció «desatarse» del nudo creado por los uruguayos y dominar la pelota.

Uruguay lo equilibró a base de sudor y sacrificio, y lo empató con un remate de Diego Forlán que tuvo al arquero Stekelenburg y a la endiablada Jabulani como cómplices.

Después del empate, Uruguay tuvo sus mejores minutos y manejó la pelota con mucho criterio, aunque sin mucha peligrosidad.

El técnico de Holanda, Bert Van Marjwick, hizo un cambio fundamental en el segundo tiempo sacando al volante de marca De Zeeuw y poniendo en su lugar a Rafael Van der Vaart para atacar a Uruguay con cinco jugadores.

Robben y Sneijder empezaron a crecer, y la pelota pasó a ser patrimonio absoluto de los holandeses. Llegó el gol de Sneijder (con Van Persie en posición adelantada y queriendo participar) y, trascartón, el cabezazo de Arjen Robben (para mostrarlo en las escuelas de fútbol) que puso a los holandeses 3 a 1.

Después, el equipo europeo quiso hacer un gol lujoso, y los uruguayos sacaron a relucir su característico amor propio.

En el primer minuto de adicional, Maxi Pereira marcó el 3 a 2, en una jugada preparada de tiro libre, y con más corazón que cerebro, Uruguay fue a buscar el empate haciendo sufrir a todos los holandeses (incluidos los príncipes) cuatro minutos que parecieron interminables, aunque se quedó sin nada y ahora jugará el sábado por el tercer puesto.

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