De hecho, en enero y en febrero la caída en las ventas externas superó el 20% promedio, aunque a algunos destinos como Alemania llegó al 27%. Si la baja no se notó más es por el aumento que vienen registrando las cotizaciones internacionales, también de alrededor del 20%.
Aun así, el mejor negocio hoy continúa siendo venderle al mercado interno, pues los consumidores locales, hasta ahora, siguieron avalando los aumentos de precios llegando, incluso, a superar el nivel internacional de cotizaciones en algunos casos. Pero esto saca de competencia a muchas de las principales plantas del país cuya operatoria, en general, es bastante más cara que la de los frigoríficos y mataderos que sólo trabajan para el mercado interno. Así, además del costo extraordinario para la Argentina, de la pérdida de mercados internacionales (varios de los cuales ya están siendo aprovechados por competidores como Uruguay y hasta Brasil), aparece el conflicto socio-político que se genera en el interior por la desocupación, ya que en muchas localidades el frigorífico es la única fuente de absorción de mano de obra. De ahí, la presión que los gobernadores ejercen sobre el Gobierno central y, a su vez, los intendentes sobre los mandatarios provinciales, cada vez que alguna de estas empresas entra en conflicto. Ahora, simultáneamente, entraron todas en esa condición.
Y vale la salvedad de que, independientemente de que algunos funcionarios reinstauraron restricciones a la exportación de carne (según ellos, como una forma de frenar los precios internos), el tema ya se venía dando desde diciembre, a partir de las subas en las cotizaciones de la hacienda. En todo caso, lo que pasó es que el Gobierno está pagando ahora un costo político obviable, al adelantarse con la medida, pues hubiera ocurrido lo mismo sin necesidad de intervención estatal.
Lo que pocos parecen evaluar en esta inédita situación en que se cayó es que la reducción de oferta es de tal magnitud (y va a ser mayor aún, ya que, según el especialista Ignacio Iriarte, «la retención de hacienda aún no comenzó») que la sola competencia de la propia demanda interna sobra para mantener los precios sostenidos. Y, tanto es así que, no sólo las cotizaciones de la hacienda se mantienen muy firmes, sino que, además, los precios de la carne al consumo tienen subas aún mayores, y hasta en algunos barrios mucho más que en otros, a pesar de los esfuerzos oficiales.
Para justificar esto, los datos son más que elocuentes:
Pero, como una cadena está compuesta por eslabones que, en este caso, van desde los productores hasta los consumidores (locales o externos), pasando por la industria, el comercio, los feedlots y hasta el propio Gobierno, el dilema de hierro que enfrentan las autoridades hoy es decidir si, finalmente, se toman medidas para comenzar a solucionar estructuralmente el problema, aunque eso requiera varios años, o si se intenta ganar algún tiempo más, pero sin evitar que se mantenga igual una serie de conflictos internos, como los que generan los precios, las demandas sindicales y, especialmente, la destrucción del rodeo productivo y de las industrias elaboradoras atadas al rubro.




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