26 de marzo 2010 - 00:00

Dilema de hierro para la carne

Dilema de hierro para la carne
El más emblemático de los alimentos argentinos, central en su cultura y en su mesa, la carne vacuna, enfrenta un dilema de hierro de cara al futuro, tanto inminente como para el mediano y largo plazo: falta producto, y para incrementar su producción, se necesitan buenos precios para la ganadería (como los actuales), aunque eso puede significar en el corto plazo más inflación, por un lado, y, por el otro, una muy compleja situación para la industria frigorífica exportadora que, prácticamente, no puede competir en el exterior con estos precios internos de la hacienda.

De hecho, en enero y en febrero la caída en las ventas externas superó el 20% promedio, aunque a algunos destinos como Alemania llegó al 27%. Si la baja no se notó más es por el aumento que vienen registrando las cotizaciones internacionales, también de alrededor del 20%.

Aun así, el mejor negocio hoy continúa siendo venderle al mercado interno, pues los consumidores locales, hasta ahora, siguieron avalando los aumentos de precios llegando, incluso, a superar el nivel internacional de cotizaciones en algunos casos. Pero esto saca de competencia a muchas de las principales plantas del país cuya operatoria, en general, es bastante más cara que la de los frigoríficos y mataderos que sólo trabajan para el mercado interno. Así, además del costo extraordinario para la Argentina, de la pérdida de mercados internacionales (varios de los cuales ya están siendo aprovechados por competidores como Uruguay y hasta Brasil), aparece el conflicto socio-político que se genera en el interior por la desocupación, ya que en muchas localidades el frigorífico es la única fuente de absorción de mano de obra. De ahí, la presión que los gobernadores ejercen sobre el Gobierno central y, a su vez, los intendentes sobre los mandatarios provinciales, cada vez que alguna de estas empresas entra en conflicto. Ahora, simultáneamente, entraron todas en esa condición.

Y vale la salvedad de que, independientemente de que algunos funcionarios reinstauraron restricciones a la exportación de carne (según ellos, como una forma de frenar los precios internos), el tema ya se venía dando desde diciembre, a partir de las subas en las cotizaciones de la hacienda. En todo caso, lo que pasó es que el Gobierno está pagando ahora un costo político obviable, al adelantarse con la medida, pues hubiera ocurrido lo mismo sin necesidad de intervención estatal.

Lo que pocos parecen evaluar en esta inédita situación en que se cayó es que la reducción de oferta es de tal magnitud (y va a ser mayor aún, ya que, según el especialista Ignacio Iriarte, «la retención de hacienda aún no comenzó») que la sola competencia de la propia demanda interna sobra para mantener los precios sostenidos. Y, tanto es así que, no sólo las cotizaciones de la hacienda se mantienen muy firmes, sino que, además, los precios de la carne al consumo tienen subas aún mayores, y hasta en algunos barrios mucho más que en otros, a pesar de los esfuerzos oficiales.

Para justificar esto, los datos son más que elocuentes: 

  • La oferta ganadera ya cayó cerca del 30% respecto del pico del año pasado, llevando la faena a menos de un millón de cabezas mensuales desde el 1,40/1,45 millón de mediados del año pasado (Informe Ganadero). 

  • Por ende, se registra una merma de alrededor del 35% en la producción de carne que se puede agudizar a partir de la retención que se iniciaría recién en el segundo semestre (I. Iriarte). Se estima que la baja anual rondaría las 600.000 toneladas. 

  • Así, los argentinos deberán bajar al menos un 20% su consumo de carne vacuna en los próximos dos años (a alrededor de 50-55 kilos por habitante/año), debido a la menor producción, imposible de ser suplida antes de tres o cuatro años. Por supuesto que en la medida en que sigan subiendo los precios en las carnicerías, será más fácil lograr la «flexibilidad» a la baja de los niveles de consumo. 

  • La escasez, ahora estructural, se debe al achicamiento en alrededor del 10%-12% del rodeo (unos 6-7 millones de cabezas) que, según la última vacunación de 2009 fue de 52 millones de cabezas y, ahora podría ser menor aún. La baja fue el resultado de la sequía de 2009, sumada al fuerte proceso de liquidación que llevó la participación de las hembras en la faena durante los últimos años, hasta niveles de alrededor del 50%, desde el piso del 36% en marzo de 2006, cuando la retención de entonces se cortó abruptamente por el anterior cierre de exportaciones. 

  • Semejante escenario permitió en 2009 un récord de faena de casi 16 millones de cabezas, lo que también posibilitó un consumo interno extraordinario y un relativamente abultado volumen de exportaciones de 640.000 toneladas (IPCVA). A partir de aquí, sin embargo, la oferta no superaría los 12 millones de cabezas/año según la oferta actual, y menor aún si comienza la retención de vientres.

    Pero, como una cadena está compuesta por eslabones que, en este caso, van desde los productores hasta los consumidores (locales o externos), pasando por la industria, el comercio, los feedlots y hasta el propio Gobierno, el dilema de hierro que enfrentan las autoridades hoy es decidir si, finalmente, se toman medidas para comenzar a solucionar estructuralmente el problema, aunque eso requiera varios años, o si se intenta ganar algún tiempo más, pero sin evitar que se mantenga igual una serie de conflictos internos, como los que generan los precios, las demandas sindicales y, especialmente, la destrucción del rodeo productivo y de las industrias elaboradoras atadas al rubro.
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