2 de enero 2012 - 00:00

Dilema para PJ: asume socio del Frente Grande

Alberto Weretilneck
Alberto Weretilneck
Tras el trágico final de Carlos Soria, el vicegobernador, Alberto Weretilneck, asumirá mañana la gobernación de Río Negro, en medio del estupor por el volantazo que deparó el principio de año a la provincia y la incertidumbre en torno al papel que jugará el peronismo local, que luego de arrebatarle el poder al radicalismo tras 28 años, ahora se topa con la consagración de un dirigente del Frente Grande, socio de la alianza oficialista.

La jura de Weretilneck significa el respeto a lo dictado por la carta magna rionegrina, que estipula que «en caso de fallecimiento, destitución, renuncia o inhabilidad definitiva del gobernador antes o después de su asunción, lo reemplaza el vicegobernador hasta la finalización de su mandato».

También se determina que sólo se debe convocar a elecciones «en el lapso de 60 días si murieran, fueran destituidos, renunciaran o estuvieran inhabilitados en forma simultánea el gobernador y el vice» y «siempre que esta contingencia se produjera cuando faltaren más de dos años para completar el mandato».

«Vamos a cumplir con el sueño que él tenía, que es poner esta provincia de pie», aseguró ayer Weretilneck.

Pero el malestar del peronismo rionegrino es fuerte: se queda con el máximo control de la provincia -afirman por lo bajo- el vicepresidente primero del Frente Grande, que además durante el año pasado coqueteó electoralmente con el radicalismo.

Por eso un nutrido coro de voces justicialistas se alzó ayer en pos de encontrar alguna figura legal que permita habilitar un llamado a nuevas elecciones en 60 días, con una fórmula integrada por algún dirigente con aval de la Casa Rosada -muchos señalaron a Miguel Picchetto- y el vicegobernador.

El propio Weretilneck abrió una puerta en ese sentido, al asegurar por la mañana que estaba dispuesto a «conversar con la dirigencia del justicialismo», pese a que «la Constitución es clara».

«Hoy lo importante es despedir a una gran persona, un amigo. Ya vendrá el tiempo de ver qué hacemos con el tema político. Esto lo charlaremos con la dirigencia del Frente para la Victoria y con el Gobierno nacional si es posible», afirmó.

Sin embargo, en un encuentro del FpV realizado ayer en la Municipalidad de General Roca entre las 12 y las 16 se avaló a priori el respeto estricto de la Constitución.

A esa cumbre asistieron, entre otros, el vicegobernador; el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, y Pichetto, quien dialogó sobre el inesperado escenario político rionegrino con Cristina de Kirchner. En el armado de la sucesión provincial interviene, además, el asesor presidencial Juan Carlos Mazzón.

Esa hipótesis fue abonada, además, desde el radicalismo. «La Constitución es clara, sigue el vicegobernador», afirmó el senador nacional Pablo Verani. En cuanto al cargo de vice, sería elegido por la Legislatura rionegrina y surgiría de una terna de tres legisladores sometida al voto en la Cámara.

Escenario

No es, en rigor, la única incógnita que estalla en la provincia: también habrá que ver si el sucesor retomará la senda de duro ajuste del gasto público encarada por Soria en su fugaz mandato (y avalada ya por la Legislatura), y si la Casa Rosada asumirá alguna consideración especial frente a una provincia sumida en las urgencias financieras.

De hecho, días atrás el propio gobernador había admitido que esperaba de Cristina de Kirchner una asistencia financiera especial durante los primeros 90 días de su gestión, en un tratamiento similar al que había recibido el saliente radical K Miguel Saiz al comenzar su mandato en 2007.

Weretilneck, exintendente de Cipolletti, fue parte del acuerdo electoral que le permitió al PJ rionegrino cerrar una alianza que logró imponerse el pasado 25 de septiembre. La fórmula Soria-Weretilneck se impuso por más de 20 puntos a la dupla que presentó el radicalismo K del saliente mandatario Miguel Saiz, integrada por César Barbeito y Julio Arriaga.

Esa elección fue, en rigor, una virtual interna kirchnerista, y tuvo además el aditamento de que ambas alianzas tuvieron como principal socio al Frente Grande, con Weretilneck y Arriaga.

No fue una empresa fácil: el peronismo rionegrino debió superar, al menos en la superficie, sus duras internas partidarias. Finalmente surgió la candidatura de Soria, quien era la figura más resistida por la Casa Rosada pero que fue el resultado de una alianza con el senador nacional Pichetto, quien renunció a sus propias aspiraciones y permitió la postulación del exintendente de General Roca.

En el inicio de su gestión, y en medio de muy duras críticas al mandato de Saiz, Soria disparó una política de ajuste que incluyó el decreto de pase a disponibilidad de 20 mil estatales, que fue aprobado luego por la Legislatura. En las últimas horas, el mandatario había hecho uso de aquel aval, con el pase a disponibilidad de 4.500 agentes, para profundo malestar de los gremios, en estado de alerta.

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