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Diplomáticos deben ser liderados, no retados
Reiterado por Cristina de Kirchner en las jornadas diplomáticas con otras dependencias estatales «Rol de la Cancillería en el desarrollo de mercados para la producción argentina», que se han desarrollado por estos días en la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, el resto de los discursos allí desgranados omitió, sin embargo, destacar este dato tan auspicioso para un país casi huérfano de acuerdos básicos que se continúen aunque cambien los gobiernos.
Campeó, en cambio, una doble inconsistencia: que es la primera vez que se pone en práctica y que nuestra diplomacia está en falta en esta materia.
Inexacto
En contra de lo allí afirmado por altos funcionarios, no es verdad que estos encuentros se practican por primera vez. Desde que en 1992 se pasó a la Cancillería el servicio comercial que hasta entonces dependía del Ministerio de Economía, todos los presidentes y cancilleres implementaron esa política. El actual canciller debe recordarlo, toda vez que en aquellos años se desempeñó como embajador político durante dos presidencias consecutivas.
Se hacía de manera menos visible y con efectividades conducentes, para llevarlas inmediatamente a la práctica, con parámetros verificables y auditorías permanentes. Se prefería convocar a los diplomáticos por regiones (UE, América Latina, América del Norte, China y zona de influencia, Sudeste Asiático, etc.) y hacia allí viajaban el Presidente, los cancilleres y unos pocos funcionarios especializados, potenciando así la especificidad de cada región y evitando los altos costos de trasladar más de un centenar de embajadores a Buenos Aires. Y se cuidó, desde el principio, el invitar a empresarios interesados en exportar, frecuentemente pymes, para que trabajen codo a codo con los diplomáticos.
Sorprendente
La Cancillería sigue cumpliendo hoy con el mismo apoyo eficiente a las exportaciones que viene practicando desde hace por lo menos tres lustros. No es tarea de los diplomáticos opinar sobre lo que digan sus superiores, pero debe haberlos por lo menos sorprendido que las exhortaciones a redoblar el empeño hayan provenido, en algunos casos, de los mismos funcionarios que, desde otras reparticiones, articulan políticas que desalientan, disminuyen o directamente suprimen exportaciones, con la consiguiente pérdida de mercados, muchas veces incluso de aquellos en que tradicionalmente ejercíamos una posición dominante. Brasil, por ejemplo, ya nos ha desplazado del comercio de carnes, y con ellos mismos atravesamos por estos días una crisis comercial cuya envergadura aún no puede estimarse.
El cuerpo del Servicio Exterior de la Nación no necesita ser retado, sino liderado. Y ello difícilmente se consiga achacándole responsabilidades ajenas o si se designara, al frente de algún consulado y/o centro de promoción de primera línea, con asiento en países de habla inglesa, a algún amigo político sin antecedentes comerciales ni conocimiento siquiera elemental de esa lengua.
Los últimos años de nuestra política exterior se han caracterizado por un dañoso aislamiento del mundo, de nuestra región y, en el caso de que se trata, del mejor aprovechamiento de nuestras posibilidades exportadoras. El seminario que se desarrolla en la Cancillería ha producido horas de discursos y disertaciones. Hagamos votos para que se los respalde con políticas nacionales apropiadas, toda vez que, como siempre decía alguien que debiera ser muy cercano al pensamiento oficial, mejor que prometer es hacer.


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