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Dolor y preguntas sin respuesta de niños en el Bañado Norte
Francisco, ayer en las viviendas humildes del Bañado Norte de Asunción, y los pedidos conmovedores de los chicos de las escuelas de la zona.
Francisco se refirió a "las señoras" que se dicen católicas por ir a misa pero que, en realidad no se interesan por lo que viven sus hermanos. "Por más misa de los domingos si no tenés el corazón solidario, si no sabés qué pasa, tu fe está muerta, es una fe sin Cristo", subrayó.
La visita a Bañado Norte, uno de los barrios más carenciados de Asunción, donde viven 23.000 familias que padecen constantes inundaciones, fue inédita. En toda su gira por Sudamérica, que lo llevó a Ecuador y Bolivia, fue la única visita a un lugar en el que se viven en carne viva la pobreza y la inequidad.
"Estoy muy alegre de visitarlos", dijo el Papa en la cancha de fútbol de la parroquia San Juan Bautista y confesó que desde que supo que visitaría el barrio recordó a "la Sagrada Familia", cuyos miembros también "tuvieron que dejar lo propio en función de conseguir mejores oportunidades familiares".
"Hay muchos hermanos nuestros que están perdiendo la esperanza por la necesidad misma, porque la economía está mal. Muchas personas que son humildes y deben rebuscárselas diariamente de cualquier forma", afirmó a Ámbito Financiero Mónica, cariñosamente "doña Ñeca", trabajadora de la capilla y a cargo de la organización de la visita papal.
Emocionada, mostró su esperanza de que las palabras del Papa y su denuncia de la "sociedad del descarte" sirvan a partir de ahora para que el Gobierno de Horacio Cartes trabaje para darles a los jóvenes empleos dignos.
Francisco, que recorrió uno de los pasillos de la barriada y conversó con dos vecinos, recibió de manos de los niños de los Bañados Norte y Sur, otro barrio pobre de la capital paraguaya, mensajes de emoción y también pedidos de ayuda.
Las cartas, que se convirtieron en una gigantografía que adornó el altar improvisado en el costado del predio, dieron muestra de la dura realidad que esos chicos afrontan todos los días. Y, al mismo tiempo, son una prueba de que encuentran en la fe una forma de superarla.
"Gracias por venir a mi país porque es un desastre. Hay muchas violaciones y niñas maltratadas por sus padres", escribió una nena de 5° grado. "¿Por qué los chicos de la calle sufren si Dios ayuda y quiere a todos?", cuestionó, categórica, otra carta. "Bendíceme para que llegue a ser alguien en la vida", se leía en otra adornada con dos corazones.
La emoción se apoderaba de cualquiera que leyera los mensajes. También algunas despertaban una sonrisa por la inocencia de los sueños de los chicos, como uno que esperaba la bendición para ser un gran futbolista u otro que lo único que deseaba era "sacarse más de cinco para pasar de grado".
Durante su visita, Francisco fue agasajado por los vecinos que le convidaron mbejú (tortilla de almidón), sopa paraguaya y mate cocido.

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