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Dos artistas intensos, dos lenguajes distintos
«Sin título» (2000), tinta sobre papel del surrealista Martín Sapia. «Jesús entrega su vida por amor a nosotros», de Estela Zariquiegui.
Expuso, entre otras muestras, «La Pasión» en el Centro Cultural Recoleta. Su curriculum vitae es abultado ya que ha obtenido los máximos premios en la disciplina Grabado, por estar representada en colecciones privadas y museos tanto en la Argentina como en el exterior y por su participación en muestras colectivas e individuales. Rosa María Ravera, autora del texto del catálogo pregunta a quién se le puede ocurrir hoy hacer una exposición sobre la Pasión de Cristo? Un tema que llena los museos del mundo, que cubre diferentes períodos de la historia del arte y que Zariquiegui aborda usando un soporte de madera, lienzos, clavos, púas, alambres, elementos asociados a la Crucifixión desde el principio.
Cuando recorrimos la muestra nos conmovió por el despojamiento, el tono sombrío de cada una de las secuencias, desde su condena a muerte, sus caídas, su encuentro con María, su consuelo a las mujeres que lloran por él, hasta su muerte y su entierro. Imágenes resueltas a la manera del «arte povera» que en cierta manera está en la esencia de este drama. Maderas gastadas en soportes rectangulares permiten «ver» y «seguir» el Vía Crucis, maderas que los atraviesan, que zigzaguean, un color herrumbre que enfatiza lo sombrío y pequeñas iluminaciones que enfatizan el cuerpo de Cristo.
Un arte religioso en un mundo sin certezas, creencias y valores disueltos, un mundo casi irredento en el que la verdad es horrible. Zariquiegui se refugia en el arte que como dijo Nietszche hacia 1870 «provee al hombre de la necesidad de ilusión que padece».
Martín Sapia expuso individualmente por primera vez en Galería Van Riel (Juncal 790). Esperamos pueda verse aún en el mes de febrero cuando reinicie su temporada 2012. Vive en Mar del Plata y no tiene parentesco alguno con los Sapia, padre e hijo, artistas muy reconocidos de nuestro medio. Deslumbra un dibujo excepcional, el cúmulo desbordante de elementos, figuras, fragmentos de cuerpos, animales, escaleras, edificios imposibles.
Una galería de personajes brueghelianos, de Hieronimus Bosch, Escher, el surrealismo, lo constructivo, el surrealismo, las vedutas, incendios, insondables profundidades, el diseño geométrico donde toda esta parafernalia se apoya. ¿Dónde ubicarlo? En ese terreno atemporal del arte, en el mundo de la imaginación aparentemente sin límites, del absurdo, del saber que su dibujo puede plasmar insospechadas regiones de la mente y de los sueños.


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