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Dos posibilidades: revisar método o cambiar objetivos
¿Cuál es la explicación entonces a semejante discordancia del relato? Sólo dos, que nada tienen que ver con la ideología. La primera es personal y se relaciona con la pésima relación que existe entre Marambio y el procurador penitenciario Francisco Mugnolo, quien aparece en estos días aún oculto en las sombras de otros organismos, y la segunda y posiblemente más contundente, es la puja que llevan desde hace años varios sectores tratando de acceder al manejo de los organismos nacionales contra la tortura que el Estado argentino se comprometió a crear y financiar a partir de la firma del Protocolo Internacional y que aún es materia pendiente.
Digo que algunos de estos organismos que fueron creados con propósitos loables y que desde un principio estuvieron integrados por luchadores inclaudicables por el restablecimiento de los derechos humanos de nuestro país, deberían revisar sus métodos o cambiar sus objetivos. Si el fin inobjetable de los mismos es mejorar la vida de los privados de su libertad, están lejos de alcanzarlo cuando rechazan a funcionarios que dieron pasos concretos para conseguirlo y avalan con su silencio a otros que marcharon en sentido contrario, por la efímera y banal causa de que ese funcionario alguna vez osara criticar sus intervenciones.
En este punto, me permito hacer una mínima autorreferencia que procuré evitar hasta ahora pero que es ilustrativa por tratarse del Servicio Penitenciario de Buenos Aires, cuyo devenir ha sido menos regular aún que el del organismo federal. Los números indiscutidos antes y ahora, indican que durante la gestión que encabecé desde 2005 hasta 2010, los 70 homicidios anuales dentro de las cárceles bonaerenses se redujeron a 20, que de 50 estudiantes universitarios se llegó a los 600, que de 200 trabajadores se pasó a 3.000, que todas las actividades educativas, culturales y deportivas se aumentaron exponencialmente, todo ello sin afectar la seguridad que nunca es opuesta al buen trato y la inclusión social. Como resultado de las políticas distintas aplicadas inmediatamente después, todos estos números se revirtieron en meses, volviendo nuevamente a una caótica situación en perjuicio exclusivo de los detenidos.
Sin embargo, sólo basta comparar las intervenciones de prensa de antes y después del inicio de 2010 para ver que este proceso de degeneración fue avalado con el silencio por los mismos que hoy se rasgan las vestiduras contra la designación del nuevo director de las cárceles nacionales quien va a ser, como ya lo ha sido, un garante de los derechos humanos de los privados de su libertad.
(*) Exjefe del Servicio Penitenciario bonaerense entre 2005 y 2011.


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