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Duelo erótico entre Peterson y Minujín
Carla Peterson y Juan Minujín animan los personajes sadomasoquistas de “Venus en piel”, en versión de Javier Daulte.
Coincidieron por poco tiempo en cartel las versiones teatral y cinematográfica de la misma obra de David Ives, "Venus en piel". Mientras que la dirigida por Javier Daulte permanece a sala llena, la de Roman Polanski en cine fracasó.
La obra de Ives se estrenó originalmente en el off Broadway y, tras recibir premios y nominaciones, se convirtió en la más producida en Estados Unidos hasta el año pasado. La versión que dirige Javier Daulte, especialista a esta altura en dotar de vuelo creativo a guiones que no lo tienen tanto, se trata de un caso de teatro dentro del teatro sobre una desconocida (Carla Peterson) que llega tarde al casting para interpretar el protagónico de "Venus en piel", la obra que escribe y dirige el personaje de Juan Minujín, inspirada en el universo erótico decimonónico de Leopold von Sacher Masoch, de cuyo apellido (e ideas) deriva el término masoquismo.
Pero no sólo se entrecruzan el ensayo con los personajes de la vida real, sino que conforme avanzan dichos ensayos, crece el misterio de quién es en realidad esa supuesta actriz que no tenía cita y decía haber hojeado un libreto que parece saber a la perfección e interpreta mejor aún. La amalgama entre los personajes de hace dos siglos y los actuales se va construyendo de manera inteligente, hasta que el espectador no distingue si quienes hablan son los personajes del pasado o los extraños en la sala de ensayo durante una noche de tormenta.
Las interpretaciones de Peterson y Minujín son lo mejor de la obra. Ambos logran sostenerla sin salir casi de escena, con cambios de vestuario sobre el escenario y retoques en la luz y el sonido a cargo de ellos mismos. También son los responsables de mover la utilería con la excusa del paso de las escenas que van ensayando, todo lo cual transcurre de modo absolutamente natural. A destacar, la diversidad de emociones por las que ambos atraviesan a lo largo de la obra (en especial ella), cargada de textos de violencia y erotismo. De hecho resultan mucho más punzantes los textos extraídos de Sacher Masoch que la extrema cantidad de insultos que intercambian los personajes que los interpretan.
Hay imágenes vinculadas al sadomasoquismo más fuertes y crueles que eróticas, según el juicio moral de cada quien. Queda claro que para los personajes de esta obra el goce está puesto en la humillación y en el dolor, defendido por quienes lo practican como una forma de amor. Y hacia el final se va desentrañando la verdadera naturaleza de los personajes, incapaces de escindir las emociones dentro y fuera del teatro.

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