Duhalde negó sobornos y elogió a De la Rúa

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Eduardo Duhalde animó ayer el juicio oral por los presuntos sobornos en el Senado. El expresidente negó la versión del arrepentido Mario Pontaquarto, defendió a Fernando de la Rúa y calificó a Carlos Chacho Álvarez como un «irresponsable». Además relató conversaciones reservadas con Antonio Cafiero y desplegó impresiones de sus años como gobernador de Buenos Aires. La memoria le jugó una mala pasada, sin embargo, y no logró reconstruir elementos necesarios para el expediente.

Solitario, a diferencia de otros testigos con pasado encumbrado, la excursión de Duhalde a Comodoro Py transcurrió sin saludos efusivos ni largas conversaciones en los pasillos.

Duhalde se presentó ante el Tribunal Oral Federal número 3 sin papeles. Eludió distintas preguntas de la fiscal Sabrina Namer, a la que se refería como «señorita fiscal», aunque al momento de dar su opinión sobre el supuesto pago de coimas fue contundente: «No tengo certezas, pero tengo la convicción de que no hubo». Luego, mirando a De la Rúa, sentado en la primera fila de los acusados, agregó: «Siempre pensé que era un hombre de bien y es lo que pienso también hoy».

En su libro «Operación Política», De la Rúa señalaba a Duhalde como el artífice de un plan para desestabilizar su administración.

El peronista relató conversaciones discretas con Cafiero a quien señaló como «compungido» a causa de las versiones de supuestos sobornos para la aprobación de la reforma laboral. «Me dijo que había hablado con Chacho Álvarez, él mismo fue quien lo convenció de esas versiones», explicó. Luego, con evidentes signos de molestia, arremetió contra el exvicepresidente. «Fue un irresponsable, si él creía que eso pasó debería haberse callado, investigar y acompañar al Gobierno», sostuvo Duhalde.

A pesar de la presencia de un expresidente en el estrado de la defensa, más de la mitad de los acusados se ausentaron y enviaron a sus letrados. Sólo estuvieron De la Rúa, los exsenadores Augusto Alasino y Ricardo Branda, quien tiene la particularidad de ser el único que conversa, cuando coinciden en el debate, con Pontaquarto, producto de la cercanía de sus asientos.

Namer intentó que Duhalde brindara detalles sobre la disposición de la oficina presidencial en la Casa Rosada. Ante la falta de memoria, la fiscal preguntó cuánto tiempo había sido presidente. «Un año y medio, pero la oficina ya la conocía desde que era vicepresidente, cuando (Carlos) Menem se iba de viaje yo la ocupaba», dijo.

Su declaración no duró más de media hora y se retiró de los tribunales de Retiro a paso ligero y de traje oscuro, en compañía de su custodia. No se saludó ni con los acusados ni con los curiosos de ocasión. Lo esperaba una reunión política.

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