Autorretrato. La primera exposición del artista colombiano-español Duván en Buenos Aires está dedicada a los signos y los símbolos.
Duván López es uno de los artistas colombianos más prestigiosos de la actualidad. Nacido en 1954 en Quimbaya, región cafetera del Quindío, su vida parece una novela de García Márquez. "Yo soy de Macondo, yo soy Macondo", dice a este diario. Autodidacta, criado en una familia que lo quería obispo, desde pequeño empezó a pintar con una cajita de óleos de su madre ("una cajita de óleos franceses que no sé cómo llegó allí") y ya en la adolescencia rompió con todo y se fue a vivir a la selva colombiana, "donde probé todo lo que había que probar, aunque sin cruzar nunca el límite de la existencia. Hasta fui polizonte en un barco y me quisieron arrojar al mar, como se hacía allí en esa época", dice). En la selva conoció un hombre que, como el Don Juan de Castaneda, fue su maestro, y a él le debe -asegura- la orientación que tomó su vida.
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El artista inauguró ayer su primera exposición en Buenos Aires, "Signos y símbolos", que permanecerá abierta hasta el 15 de abril y podrá visitarse entre martes y domingos de 11 a 19 (Museo de la Cárcova, dependiente de la Universidad de las Artes, Av. España 1701). Compuesta por 32 grabados digitales y esculturas en metacrilato, la muestra es reveladora de una de las obsesiones de Duván: el mundo de los signos y símbolos en la cultura contemporánea. Una de las primeras intervenciones del artista con este universo fue en una capilla del siglo XI en Besalú, Girona, ciudad donde reside desde hace años. "Siempre me atrajeron los arquetipos de Jung, la semiótica, la semiología. El símbolo es el arquetipo que todos reconocemos, el signo está cargado de información institucional, aunque puede haber interacción entre ambos. Así, yo introduje en aquel templo de Besalú símbolos y signos diferentes a los que alguien podría esperar en una iglesia, como la cruz, desde luego, y los significados estallaron. Ahora bien, yo jamás fijo un significado en mi obra. Espero que el contemplador encuentre los suyos propios. Más que un pintor, yo me considero un pensador que pinta".
Para Duván, que es un optimista que cree que el diálogo puede llevar al entendimiento final entre los humanos y evitar las guerras ("todavía no somos humanos", sostiene), las nuevas generaciones tienen mayor conexión con las formas artísticas modernas que con las clásicas y figurativas. "Es muy interesante observar un fenómenos como el de los emoticones, que tanto circulan hoy entre los jóvenes. A veces se degrada la cultura digital, pero muchos símbolos contemporáneos han redefinido las formas de comunicación", señala. En su obra, poblada de símbolos y signos reconocibles aunque en contacto con formas que les otorgan nuevos significados, se advierte también la influencia que ha tenido la pintura de artistas como Picasso y Joan Miró, cuyas formas son fácilmente reconocibles. También hay sombras del acervo más clásico, transformadas por su magia, como las de Rubens, El Bosco, Tiziano y Velázquez.
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