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Economía complicada que prenuncia recortes
El anuncio del desvío del déficit desde el 2% previsto a un 4,2% (unos 10.440 millones de dólares), pocos días antes de las elecciones de ayer, puso sobre la mesa la cuestión económica en plena campaña electoral.
El próximo Gobierno deberá poner en marcha medidas de austeridad destinadas a controlar el déficit (limitado por ley a un 3%), lo que complicará aún más la aprobación de un presupuesto, después de que la falta de acuerdos en ese aspecto forzase la convocatoria adelantada de comicios.
Los analistas ven inevitable un aumento de los impuestos y del 1% en el IVA (que ya subió un 1% en julio y se situó en el 17%) y de otro tanto en el IRPF, además de grandes recortes en el presupuesto de todos los ministerios, que actualmente funcionan con los planes de gasto de 2012 prorrogados.
Con un 45% de su PBI procedente de la exportación, la recesión de varios países europeos, el pobre crecimiento en EE.UU. y su descenso en China han provocado una desaceleración de la economía israelí que ha pasado de crecer al 5,5% hace dos años a un ritmo del 3,3% en 2012, explicó Michael Beenstock, profesor de Economía en la Universidad Hebrea de Jerusalén.
El aumento del gasto público, con la extensión de la canasta de medicamentos y tratamientos cubiertos por la salud pública, la ampliación de la educación gratuita desde los tres años y el incremento del salario mínimo y del de los funcionarios ha contribuido a empeorar el dato del déficit.
La suba del IVA y de los impuestos al tabaco y la cerveza a mitad del año, más el aumento de rentas y de los tributos a pequeñas y medianas empresas no lograron el crecimiento previsto de la recaudación (que fue en 2012 de 58.383 millones de dólares), al derivar en una contracción del consumo privado.
Para controlar el déficit y situarlo alrededor del 3%, hará falta recortar el gasto público alrededor de un 4% y aumentar la recaudación unos 5.000 millones de shekels (1.300 millones de dólares), aseguran los expertos.
«Bibi (Netanyahu) intentará cortar el gasto público y no subir los impuestos. Pero los recortes serán dramáticos y no es seguro que pueda hacerlo. Muchas de las negociaciones para la formación del próximo Gobierno versarán en torno a esto», aseguró Arie Arnon.
La izquierda tiene claro de dónde hay que recortar: rebajar el presupuesto de Defensa (alrededor de un 7% del PBI), parar la construcción de asentamientos y las ayudas a los colonos, rebajar los beneficios fiscales a las grandes empresas y fortunas y reducir la financiación de escuelas talmúdicas cuyos estudiantes, judíos ultraortodoxos, ni trabajan ni hacen el servicio militar.
Pero los ultraortodoxos y los miembros del nacionalismo religioso, hasta ahora socios del Gobierno, no estarán por la labor de apoyar a un Gobierno que plantee un presupuesto que recorte las dotaciones al público haredim y al movimiento colonizador en Palestina.
Arnon añade que, aunque ahora aún no lo es, la desaceleración «puede convertir en un problema el desempleo» en los próximos años.
Esto agravaría la desigualdad, una de las mayores que se registra en la zona OCDE, y los crecientes niveles de pobreza, que ya afecta a un 20% de los israelíes, según el Ministerio de Asuntos Sociales.
Agencia EFE


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