10 de marzo 2022 - 00:00

Economías regionales ya buscan otros mercados

La balanza comercial entre Argentina y Rusia se desestabiliza día tras días luego del inicio de la invasión ordenada por Vladímir Putin a Ucrania. En particular, cinco economías regionales de Argentina ya se ven afectadas por la incertidumbre que genera la guerra. Rusia es un mercado atractivo para los limones, peras, lácteos, maní y carnes. Los exportadores e importadores -a uno y otro lado del mundo- deben afrontar dos problemas principales, que son la realización de las transferencias bancarias y la logística de los contenedores, aunque no son los únicos inconvenientes. En total, estas actividades reportaron en 2021 ingresos al país por casi u$s300 millones y aunque no tengan un peso determinante en la balanza comercial total, para las regiones en las que tienen protagonismo, el impacto es enorme.

Agustín Argibay, presidente de la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados, aseguró que “lo que ocurre actualmente es una preocupación y un problema muy serio porque Rusia es el segundo mercado en importancia para la pera y el cuarto para la manzana, por eso estamos intentando reorganizar el negocio en el Alto Valle y evaluar hacia dónde podemos orientar nuestras exportaciones”.

Según Argibay, “hay dos variedades de pera que compran los rusos, que son las Williams y las Packham, de las cuales les vendemos cerca de 80 mil toneladas por año lo que implican unos 60 millones de dólares”.

Un envío desde Argentina hasta Rusia demora entre 4 y 5 semanas, por lo tanto a algunos exportadores la guerra los sorprendió con contenedores a mitad de camino. En esos casos reina la incertidumbre porque no se sabe cómo van a pagar los importadores ni tampoco cuál será la cotización del rublo cuando lo hagan. La moneda rusa acumula una devaluación del 60% desde el inicio de la guerra.

Al ser consultado sobre este punto, Argibay detalló que “la devaluación impacta negativamente porque a los rusos se les hace mucho más caro comprar la fruta importada, por lo tanto intentan pagar menos y se producen discusiones”. El impacto económico que se genera por no cobrar o recibir menos dinero del que corresponde golpea a toda la cadena, porque cuando el exportador no cobra, se afectan todos los eslabones hasta llegar al productor primario.

En el caso de la pera, las exportaciones se podrían reenviar hacia otros destinos, donde hay demanda y comercio activo, como por ejemplo Brasil, Estados Unidos, Canada, Colombia, Perú o la costa del Pacífico.

En cuanto a la citricultura, la mayor afectación la sufren los exportadores de limón. Pablo Padilla, presidente de la Asociación Citrícola del NOA (ACNOA), aseguró que “a Rusia le exportamos en promedio unas 45 mil toneladas, que representan entre 35 y 40 millones de dólares. Es un mercado importante, que hoy representa poco más del 20% aunque en otras épocas llegó al 25%”.

Lo preocupante en el caso de la campaña del cítrico estrella es que en pocos días debería comenzar la cosecha y los trabajos vinculados con la venta hacia este destino. Según Padilla, se trata del primer período de la exportación que va de mitad de marzo a mitad de mayo, por lo tanto la actividad está en pausa.

Hoy las empresas deben repensar cada decisión si es que sus embarques deben llegar a Rusia ya que los compradores no pueden girar divisas, por lo tanto ninguna empresa local está dispuesta a cargar un buque si no se sabe cuándo se cobrará porque en el plano local también hay otras variables que impactan sobre el tipo de cambio que podrían erosionar la rentabilidad del negocio.

Daniel Aprile