13 de agosto 2018 - 00:13

Editoriales independientes capean la "tormenta" ante el peor año en una década

La séptima Feria de Editores, en el más amplio Centro Cultural Konex, convocó 11.000 visitantes en tres días. Afirmándose en el calendario cultural porteño, este año hubo 100 expositores más que en 2017.

Feria de editores independientes. A diferencia de la Feria del Libro “mainstream”, este encuentro tiene año tras año una convocatoria juvenil mucho más importante.
Feria de editores independientes. A diferencia de la Feria del Libro “mainstream”, este encuentro tiene año tras año una convocatoria juvenil mucho más importante.
Entre viernes y domingo se realizó en el Centro Cultural Konex la séptima Feria de Editores (FED), donde unas 250 editoriales independientes presentaron sus libros. Hubo 100 sellos más que el año pasado, con representantes de las provincias y de 30 países. La asistencia creció: los organizadores calculan que en los tres días pasaron más de 11.000 personas. El clima de entusiasmo por el encuentro tuvo que convivir con la preocupación del sector por la crisis, la inflación y la devaluación, como si esa fiesta de los editores independientes fuera un casamiento al aire libre en el ojo de un huracán.

El nuevo lugar de reunión permitió un ambiente más cómodo ante la creciente convocatoria. Fue el momento del año para que se cruzaran editores, escritores y público para charlar cara a cara, con libros a precios especiales (la media rondó los $ 300) y las novedades del año. Esas novedades hablan de la heterogeneidad del sector independiente, donde las editoriales pueden presentar un nuevo título por año o decenas, tener un catálogo de diez libros o de más de 100, publicar de a miles de ejemplares, o hacerlos uno por uno, confeccionados a mano.

En aquel universo de editoriales de distintos tamaños, intereses y público hay una certeza más o menos generalizada: este es el peor año para sacar libros en, por lo menos, una década. Las razones que esgrimen van desde la devaluación que sube el costo de papel, tinta e impresión, hasta la inflación que encarece el vivir. La mayoría concuerda en que no se puede trasladar directamente al precio del libro el total del aumento de los costos porque el público no puede comprar libros tan caros, y por eso buscan alternativas publicando menos títulos, apostando a escritores que les generan confianza y recortando sus márgenes de ganancias.



"El mercado está bastante retraído. Los costos de producción se dispararon, cada vez se hace más difícil. Solo nos queda resistir. La caída de ventas se ve en librerías, se ve en las ferias, se ve en todos lados. Es una situación delicada. Con las políticas que se están llevando a cabo no se ve que vaya a cambiar en breve", explicó Juan Crasci, de Añosluz Editora, sobre el panorama general que preocupa al sector. También ejemplificó por qué no es tan simple trasladar los costos: "Los precios se dispararon tanto que la producción de un libro hace que uno tenga que subir el precio de venta al público mucho y los sueldos no suben. No podés poner un libro a $ 500 o $ 600, ¿quién te va a comprar? Igualmente tenemos que continuar para mantener el espacio que venimos ganando los sellos chicos. Esta feria es un ejemplo de ello, de autogestión y de darle importancia y prioridad a los catálogos".

En la misma línea se manifestó Juan Nadalini, de Entropía, quien sostuvo que los últimos dos años y en especial 2018 "fueron difíciles". "Teníamos pensado sacar una mayor cantidad de libros y no estamos pudiendo. La devaluación disparó muchísimo los costos de imprenta. Tengo la sensación de que en el sector las ventas son menores en los últimos años. En lo personal, percibo que me está costando más hacer un libro ahora que hace 5 años", aseveró. Habló también de otro problema clave que afecta a los editores independientes: "Hay muchos de los que trabajamos en el sector editorial que no vivimos exclusivamente de nuestras editoriales. Cada vez hay que obtener más trabajo por fuera de la editorial para vivir. Más allá de que las ventas puedan ser un par de puntos más bajas, hay otras condiciones que colaboran para que el trabajo sea más difícil".



Coincidió en el análisis de las dificultades extraordinarias del sector Leandro Donozo, de Gourmet Musical: "Creo que este es el peor año desde que empezamos la editorial hace 13 años. Las ventas han bajado muchísimo. Hemos logrado salir a flote con cambios muy grandes en nuestra distribución simplemente para equilibrar, movidas muy importantes que tendrían que haber mejorado nuestras ventas y solo nos evitan desaparecer. Sin embargo lanzamos el mismo número de novedades que el año pasado. Por suerte mucha gente sigue interesada en nuestros libros de música". "Hemos aumentado nuestros precios entre 10 y 20% en lo que va del año", confesó Donozo.

De paseo por la FED, comprando libros y conversando con editores, el ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Enrique Avogadro, habló con ámbito.com y reconoció el difícil momento económico del sector: "Sí, obviamente somos sensibles a la situación en términos de que claramente en un momento de incertidumbre económica la cultura desde ya que puede llegar a sufrir". "Este año lo que hicimos fue aumentar mucho el presupuesto de transferencia de recursos para el sector independiente, sobre todo el Fondo Metropolitano que era una herramienta que tenía un presupuesto realmente muy bajo le inyectamos entre $20 y $25 millones, una convocatoria abierta a todos los sectores y hubo muchas editoriales que se presentaron. Con lo cual eso es una respuesta directa a estar más presentes acompañando el desarrollo cultural en la Ciudad", expresó.

Andrés Mego, de Hojas del Sur, aportó una visión más optimista y se enfocó en ver las oportunidades de la "tormenta" de la que se habla desde el Gobierno: "Las ventas bajan, lo primero que la gente deja de comprar son los libros. No me gusta quedarme en la crisis en sí. Si yo no veo en la crisis una oportunidad como editor, no me sirve. Hay libros que funcionan muy bien, hay que trabajar y escribir para el mercado. Existen géneros que hoy en día no funcionarían, pero en momentos de crisis todo lo que es coaching, aspiracional, autoayuda y emprendimiento es lo que más se levanta porque la gente empieza a buscar recursos". Mego se enfocó en una particularidad muy importante del rubro que es vital para las editoriales independientes: "El principal punto de venta es el autor, no la librería. Cuando el autor entiende esto y junto al editor se asocian para vender su libro existen redes, Internet y un montón de recursos que si vos los usás el libro se empieza a mover y a hablar de él. La venta viene sola. A veces uno se obsesiona con vender cuando lo que vos tenés que pensar es en que tu libro se conozca".



Compañía Naviera Ilimitada es una editorial nacida en este 2018 tan complicado. Su editor, Andrés Beláustegui, acusó el golpe de la economía: "Comenzamos a publicar este año, pero venimos planificando y trabajando en el armado de la editorial hace poco más de un año. Todos los presupuestos hubo que ajustarlos a la nueva realidad de ventas menores, aumentos de costos y precios de venta que no pueden acompañar la inflación general. Hubo que ajustar costos, en algunas características materiales de cómo habíamos imaginado los libros en una primera instancia y ajustar los gastos fijos al mínimo". "La situación actual es crítica", resumió y también fue uno de los que remarcaron que "los aumentos no pueden trasladarse en su totalidad al precio de venta al público, con la consiguiente pérdida de rentabilidad".

Maximiliano Crespi
, de 17 Grises, habló de su caso, en el que títulos puntuales le marcaron la diferencia: "En el plano cultural sigue estable la idea de demandar textos y seguir leyendo y problematizando cuestiones estéticas. El comprador selecciona más, pero sigue comprando. A la editorial le está yendo bastante bien, quizá mejor que el año pasado. Tenemos un par de libros que funcionan muy bien".

Pero entre los editores también hay voces que sólo se animan a festejar en off para no herir a las víctimas del vendaval. Algunos admiten que este es su mejor año, que les va excelente; otros que les va igual, o un poco peor. Todos concuerdan en que sí es más complicado publicar y deben moverse más para buscar mejores costos de imprenta y para luego vender los libros. La FED es un termómetro del sector y evidencia la situación de las editoriales independientes, perseguidas por las dificultades económicas pero cada vez más buscadas por el público. Si perduran en tiempos de crisis, en épocas mejores les espera un futuro brillante.

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