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EE.UU.: arte argentino es el más subvaluado en subastas
«Carneros», del argentino Nicolás García Uriburu, está estimado en 15.000 dólares por Christie’s; por el mismo precio saldrán obras de Polesello, Vidal, Daniel García, Pucciarelli, Kasuya Sakai o Pablo Siquier.
Un claro antecedente del interesante fenómeno actual se puede rastrear en el pasado. Al promediar la década del 90 la crisis del tequila determinó que los mexicanos, que son los vecinos más próximos y los mejores clientes de los estadounidenses, optaran por quedarse en casa. Esta ausencia rompió la rutina de Christies, sus operadores salieron de viaje por Latinoamérica, rumbo al Sur, en busca de un arte para vender. En este territorio casi inexplorado se descubrió el inagotable caudal del talento artístico de Brasil, además de los poderosos coleccionistas que lo acompañan.
Desde ya, los números de Brasil no igualan a los de México. La poética pintura de Emiliano Dicavalcanti que hoy ilustra la portada del catálogo de Christies está estimada en apenas 300.000 dólares y, aunque se espera que las ofertas superen esa cifra, nunca alcanzará la de un Frida Kahlo.
En realidad, las 380 obras del remate de Christies y las 100 de Sothebys tienen valuaciones bajas. La excepción es una escultura monumental de Botero, una graciosa pareja de bailarines estimada en 1,5 millón de dólares. Se trata de un buen comodín para estos trances, Botero posee un mercado firme construido con solvencia colombiana.
Pero, el precio que se debe destacar en este remate es el del arte argentino, tan bajo que queda fuera de escala: sus valores resultan desproporcionados de acuerdo a las trayectorias de los artistas y, más aún, si se tiene en cuenta su diversidad, excelencia y calidad. Sencillamente, México y, en menor medida, Venezuela, Brasil y hasta Uruguay, son países que supieron construir un mercado para sus artistas. Los argentinos casi no tienen mercado fuera del de su tierra, a duras penas lo alcanzan los que forjaron un nombre en el extranjero, algunos a costa de vivir en el exilio y, otros, con el apoyo de galerías, instituciones y coleccionistas del exterior.
Un claro ejemplo lo ofrece una pintura excepcional de Ernesto Deira, un autorretrato donde el artista muestra su perfil intelectual al superponer su figura sobre un manuscrito. La imponente obra, pintada en 1968, estaba en una colección de París y se ofrece por tan sólo 45.000 dólares.
La estimación más alta la ostenta Guillermo Kuitca, artista que tiene el soporte de una galería neoyorquina, en Sothebys, una pintura de 1983 con el significativo título «Dadme señor coraje y alegría para escalar la cumbre de este día», alcanza 200.000 dólares, mientras en Christies, «Tres noches», una obra histórica de 1987 proveniente de la colección Edgard Gunther está valuada en 180.000 dólares, y «Oh no, Anita no», en 60.000.
Un párrafo aparte merece la «Pintura número 110» de Juan Melé de 1948, época crucial para la abstracción, que asciende a 70.000 dólares, justo cuando el curador del influyente Museo de Arte Moderno de Nueva York, Luis Pérez Oramas, le escribió un texto para la muestra del artista en el Museo Nacional de Bellas Artes de Neuquén donde subraya el carácter singular de la obra: «El cuadro que Juan Melé hizo en homenaje a Mondrian tiene tan poco de Mondrian, felizmente, como el panegírico tiene de tragedia o el anatema de sátira. [.] Al sur de Mondrian, pues Mondrian, volvió a nacer con otras formas, y ya no era más Mondrian sino Melé, Vardánega, Villalba, Maldonado, Prati».
León Ferrari ganó el León de Oro de la Bienal de Venecia y una de sus esculturas de alambre está estimada en 100.000 dólares; Julio Le Parc también se llevó el galardón, y una bella pintura de 1970 está estimada en 60.000 dólares. «Cuadros dorados», una obra de Leandro Erlich, artista de la galeria paulista Brito Cimino figura con una base de 40.000 dólares.
A partir de aquí, mientras los vendedores esperan tiempos mejores, los compradores pueden encontrar buenas obras con precios inmejorables. Hay una esplendorosa pintura mural de Nicolás García Uriburu (uno de los padres del Land Art que trabajó con Beuys) estimada en 15.000 dólares. Por valores similares se venden obras de Polesello, Vidal, Pucciarelli, Kasuya Sakai, Daniel García, Pablo Siquier, Jorge Macchi o Raquel Forner. Entretanto, la valuación más llamativa es la de Martha Boto: dos obras realizadas en 1969 oscilan entre 4.000 y 6.000 dólares, cada una. No cabe duda, Christies ajustó los precios para asegurar la venta, pero la carencia de un Museo de Arte Moderno en Buenos Aires durante casi dos décadas, sentenció a la oscuridad a una generación entera de artistas talentosos. Boto es uno de ellos.


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