2 de enero 2013 - 00:00

EE.UU.: desacuerdo en el Congreso para evitar temido abismo fiscal

El presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, al arribar ayer al Capitolio, dando inicio a una jornada agitada en la discusión fiscal. La líder de la minoría demócrata de la Cámara, Nancy Pelosi, participó primero de una reunión con el vicepresidente Joe Biden, y luego se sumó a la intensa labor en el Congreso.
El presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, al arribar ayer al Capitolio, dando inicio a una jornada agitada en la discusión fiscal. La líder de la minoría demócrata de la Cámara, Nancy Pelosi, participó primero de una reunión con el vicepresidente Joe Biden, y luego se sumó a la intensa labor en el Congreso.
Washington - Los republicanos de la Cámara de Representantes de Estados Unidos evaluaban anoche agregar una enmienda al proyecto de ley aprobado por el Senado para evitar el «abismo fiscal» que reduciría el gasto en 330.000 millones, informó ayer el representante republicano Darrell Issa.

Esto implicaría volver atrás el acuerdo al que llegaron en la madrugada del primero de año ambas bancadas del Senado, y obligar a otra reunión para convalidar los cambios requeridos.

Enmienda

Ahora los republicanos están evaluando la posibilidad de que sean capaces de obtener los votos suficientes para aprobar dicha enmienda. Si no lo logran, llevarán a cabo una votación sobre la medida aprobada por el Senado, dijo un asesor republicano.

Frente a este panorama anoche el Senado formalmente levantó las sesiones, lo cual podría complicar aún más el destino del proyecto de ley que se aprobó para evitar 600.000 millones de dólares en alzas de impuestos y recortes de gastos. El líder de la mayoría demócrata, Harry Reid, levantó el Senado, que horas antes aprobó la legislación que eleva el impuesto a los ingresos por encima de 400.000 dólares anuales y otros cambios para evitar que el país caiga en el abismo.

Ayer un número significativo de republicanos en la Cámara de Representantes exigió avances en el recorte del gasto público como condición para apoyar el acuerdo bipartidista que el Senado produjo anoche con el fin de minimizar el impacto del «abismo fiscal».

A pocas horas de que se reabran los mercados internacionales, Estados Unidos se adentraba ayer un poco más en el temido «precipicio», ante la incapacidad del Congreso para ponerse de acuerdo sobre una legislación que anule la suba general de impuestos y el recorte indiscriminado del presupuesto federal.

Los republicanos en la Cámara de Representantes, donde son mayoría, celebraron dos reuniones a puertas cerradas en las que analizaron los detalles del compromiso y los próximos pasos.

Según algunos participantes en las reuniones, la delegación republicana se encuentra muy dividida.

Duda

El jefe de la mayoría republicana y número dos en la Cámara, Eric Cantor, dejó claro que no apoyaría el proyecto del Senado, algo que el presidente John Boehner se abstuvo de decir.

La duda que se plantea es si los republicanos decidirán finalmente proponer enmiendas al proyecto del Senado, lo que podría significar el final de la tramitación de la ley, o si preferirán dejar la batalla sobre los gastos para dentro de dos meses. El tiempo apremia porque, además, mañana iniciará su gestión un nuevo Congreso, salido de las elecciones del 6 de noviembre pasado, y los proyectos que no hayan sido adoptados, como sería el caso del preacuerdo fiscal del Senado, quedarán anulados.

Boehner podría, por el contrario, someter el proyecto a votación sin enmiendas y aplazar la batalla de los gastos para hacerla coincidir con la negociación sobre un nuevo aumento del endeudamiento nacional.

En Estados Unidos el Congreso fija el límite del empréstito autorizado, y el vigente actualmente, de 16,39 billones de dólares, se superó ya el lunes pasado.

Emergencia

El Departamento del Tesoro notificó oficialmente al Congreso que ponía en marcha medidas de emergencia para impedir una cesación de pagos y la interrupción de funciones del Gobierno, pero esas medidas acabarán a finales de febrero como mucho.

A la confrontación sobre la deuda se le suma antes de marzo la expiración de la «resolución continua», el mecanismo de financiación que mantiene funcionando al Gobierno de Estados Unidos a falta de la aprobación de un presupuesto apropiado.

El presidente Barack Obama y el Congreso no se han puesto de acuerdo en un presupuesto por tres períodos fiscales y las resoluciones continuas periódicas siguen asignando a los ministerios y otras agencias los fondos estipulados en el presupuesto de 2009.

«Yo espero que los republicanos pelearán tan duro acerca del límite de la deuda como Barack Obama peleó por los impuestos», dijo el senador republicano Lindsey Graham, de Carolina del Sur, quien calificó de «hueca» la victoria política obtenida por el presidente con el preacuerdo del Senado.

A mediados de 2011, cuando debía ocurrir una de las tantas elevaciones del límite de la deuda, los republicanos que salieron fortalecidos de la elección legislativa en 2010, decidieron darle una batalla dura a Obama exigiéndole recortes de gastos.

El estancamiento de la disputa hizo que las agencias calificadoras de crédito, por primera vez en la historia estadounidense, bajaran los puntos de Estados Unidos.

En agosto de 2011 el Congreso autorizó una suba del endeudamiento pero postergó la solución más amplia al problema de la deuda y del déficit fiscal hasta después de la elección presidencial de noviembre de 2012. Los republicanos calcularon que, si ganaban esa elección y fortalecían su mayoría en el Congreso sacarían adelante su plan de reducción de gastos sin aumento de impuestos.

El presidente Obama ha procurado separar las disputas en torno del presupuesto deficitario de Estados Unidos y las que rodean al techo del endeudamiento nacional, pero los republicanos insisten en vincularlas, señalando que no se resolverá la deuda si no se ajusta el presupuesto. La deuda nacional de EE.UU. es ahora más grande que el producto interior bruto del país.

Agencias EFE, Reuters y DPA

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