25 de agosto 2014 - 00:00

EE.UU., frente al desafío de apoyar a un viejo enemigo

Washington - Después de dos semanas de bombardeos en el norte de Irak y el asesinato "televisado" del periodista James Foley, hay consenso en EE.UU. sobre la terrible amenaza que supone el grupo yihadista Estado Islámico (EI), y que su derrota pasa por Siria, un territorio hasta ahora tabú para Washington.

El Gobierno estadounidense, que condena el régimen de Bashar al Asad, se negó durante meses a combatir a los islamistas radicales en suelo sirio, entre otras cosas por la guerra civil que vive ese país desde marzo de 2011 y que tiene enfrentados a Damasco y al EI, entre otros grupos opositores.

Sin embargo, la fuerte irrupción del grupo yihadista en el Kurdistán, clave para los intereses estadounidenses, llevó a la administración de Barack Obama a tomar cartas en el asunto y a atacar de manera selectiva sus posiciones en suelo iraquí con la venia de Bagdad.

Muchos se preguntan a estas alturas por qué la Casa Blanca no intervino con anterioridad en Siria para atajar el fortalecimiento de los islamistas radicales, pero según coinciden los analistas, a Bagdad y Damasco los separan demasiadas circunstancias.

"Siria es un caos con señores de la guerra, tribus, etcétera, que luchan en múltiples matanzas y conflictos. Al Asad es esencialmente ahora un señor de la guerra, no un presidente. Siria es más difuso y los efectos de una intervención son más difíciles de juzgar", explica el profesor Paul Sullivan, de la Universidad de Georgetown.

Sin embargo, "Irak tiene bloques poderosos con los kurdos, los chiitas y los jeques sunitas que pueden luchar contra EI de una forma más sólida. Bagdad es un desastre político, pero es más coherente que Damasco", agrega.

Lo que no esperaba Washington es que la sofisticación, la financiación y el poder del Estado Islámico llegaran tan lejos, como demostró esta semana con la decapitación filmada de Foley y las reiteradas amenazas de acabar con los rehenes que tienen en su poder si Estados Unidos no detiene su ofensiva aérea.

Max Gross, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Georgetown, explica que los bombardeos responden a "una situación muy específica", como la persecución que sufrieron yazidíes y cristianos en la zona y el riesgo que supone perder el control de la estratégica represa de Mosul, pero advierte de que los últimos acontecimientos pueden revelar otros objetivos estadounidenses que no fueron hechos públicos aún.

"Teniendo en cuenta la operación fallida de las fuerzas especiales en Siria a principios de este verano (para rescatar a Foley) de la que supimos estos días, es posible que EE.UU. esté haciendo más en Siria de lo que se sabe", dijo Gross. "El factor sorpresa -agregó- es importante en la conducción de las operaciones militares exitosas, pero no podría conseguirse si todo el mundo sabe acerca de ello de antemano".

En este sentido, el especialista en Medio Oriente de la American University Robert Goldman aventura que puede haber un antes y un después en la estrategia estadounidense tras el asesinato del periodista, y cree que el Gobierno de Obama puede endurecer su estrategia para acabar con EI.

Ello supondría necesariamente tomar medidas en suelo sirio, donde el EI se hizo fuerte.

El video difundido por los yihadistas en el que decapitan al periodista, al que tenían cautivo en Siria desde 2012, conmocionó a la opinión pública y a la clase política en el país, y lejos de hacer concesiones, el Pentágono continuó con sus bombardeos y Obama dijo que serán "implacables".

Agencia EFE

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