13 de febrero 2015 - 00:00

EE.UU., Grecia y la austeridad

 Según Obama, la economía de EE.UU. creció al 5% anual en el último trimestre -el nivel más alto desde 2003-, el desempleo cayó al 5,6% y el déficit está proyectado a sólo un 3% del PBI en 2015. Los últimos datos de empleo -257.000 puestos más durante enero- confirmarían una sólida recuperación: en los tres últimos meses se crearon más de un millón de empleos, el dato más alto desde 1997.

Obama cree que estos resultados convalidarían las políticas monetarias de la Fed, expansivas y agresivas y con poca austeridad. No es de sorprender, pues, que apoye las llamadas de Alexis Tsipras, el nuevo mandatario griego, para que la eurozona suavice las políticas austeras. De hecho, en el nuevo presupuesto fiscal 2016 que comienza a regir el 1 de octubre prevé que el gasto público crezca un 7% sobre los niveles fijados por los recortes automáticos, los "secuestros", que entraron en vigor en marzo de 2013 para reducir el déficit. Su propuesta propone gastar más sobre la base de recaudar uSs 320.000 millones, durante la próxima década, a la vez que reducir impuestos a las clases medias por 175.000 millones.

Pero vayamos a Grecia, que "constituye el mayor riesgo para la economía global", según el Gobierno británico. Sin dudas las recientes elecciones las perdió la derecha porque,desde 2008, el PBI ajustado a la inflación bajó casi un 30%, la deuda pública -a pesar de "la austeridad"- pasó del 109% al 175% del PBI, el desempleo llega al 26%, la renta per cápita bajó de 23.000 a 16.000 y uno de cada cinco habitantes está debajo del umbral de pobreza.

Los gobiernos europeos en general, incluido el de Grecia, alabaron al mercado, pero estatizaron las deudas de los bancos que, durante años, operaban con burbujas creadas, precisamente, por la intervención estatal en los mercados otorgando tasas insólitamente bajas. Acto seguido, con el pretexto de que la deuda estatal era enorme, los políticos pidieron austeridad a los ciudadanos. En definitiva, la "austeridad" que propone la derecha no es tal sino que consiste en bajar el gasto de los consumidores para pagar, por ejemplo, las pérdidas de los bancos.

Existe una relación -en Europa en general- entre las elites económicas que diseñan la función del Estado, y hasta pueden evadir impuestos al estilo del LuxLeaks -el escándalo de evasión empresaria con aval de Luxemburgo- y las elites políticas, incluida la izquierda, que sirve a sus intereses. Y como intermediario está la Troika (UE, FMI y BCE), a la que el nuevo primer ministro griego Tsipras ha utilizado astutamente como chivo expiatorio de casi todos los males consiguiendo así que su partido -Syriza- llegue a ser el más votado de Grecia.

Tsipras prometió renegociar el pago de los 320.000 millones recibidos de la UE y del FMI, y el fin de la austeridad. Pretende elevar el gasto social en unos 12.000 millones, según calculan los analistas, lo que podría ser menos oneroso para el mercado que lo dilapidado por la derecha anteriormente. Entretanto, crece la expectativa por el "Grexit" -salida de Grecia del euro- y los analistas se preparan.

Casi todos creen que, finalmente, habrá acuerdo, pero al mismo tiempo toman recaudos ante el posible "Grexit". Berenberg, el banco privado alemán más antiguo, asegura que "Syriza no será capaz de mantener un superávit primario sin recorte de gastos... y se quedará sin fondos en marzo, cuando tiene que pagar al FMI unos 2.500 millones" y, entonces, estima en al menos un 35% las posibilidades de que Grecia termine fuera del euro.

Según el Commitment of Traders Report, las posiciones cortas en euro/dólar están en los niveles más elevados desde junio de 2012, lo que estaría indicando que los traders se preparan para el Grexit. De concretarse, Morgan Stanley ve a la zona euro como un club de países con tipo de cambio fijo donde la fragmentación monetaria se iría incrementando y la moneda única cotizando a u$s 0,9.

Standard & Poor's, por su parte, desdramatiza ese posible escenario estimando que no implica grandes riesgos dado que la pérdida total de los créditos concedidos a la economía helena no perjudicaría la calificación de riesgo de los acreedores. En rigor, lo peor sería que la ausencia de un marco jurídico previsto para la salida de un miembro de la UE causaría una salida desordenada.

(*) Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

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