Ante la crisis de su aliado egipcio, EE.UU. está otra vez en una delicada situación tras la "Primavera Árabe" y la caída de Hosni Mubarak a principios de 2011.
La comunidad internacional condenó en los términos más duros esta matanza, pero EE.UU. tardó en reaccionar, dando muestras de la delicada posición en la que se encuentra.
El secretario de Estado, John Kerry, dijo que "los acontecimientos son deplorables" y que "el Gobierno interino y los militares -que juntos tienen la preponderancia del poder en esta confrontación- tienen la responsabilidad de evitar más violencia y ofrecer opciones constructivas para un proceso pacífico e inclusivo". "Esto incluye enmendar la Constitución y sostener elecciones parlamentarias y presidenciales, a las que el propio Gobierno interino llamó.
"EE.UU. se encuentra en una situación extremadamente delicada porque tiene muy poca influencia en lo que está pasando en el país", apuntó Husein Ibish, experto en el mundo árabe e investigador en la American Task Force on Palestine, en Washington.
Aliado durante 30 años del régimen autoritario y prooccidental de Mubarak, EE.UU. se encuentra desde hace dos años y medio en un dilema: cómo apoyar las aspiraciones democráticas de una parte de los egipcios mientras sigue vinculado a uno de sus principales socios en el mundo árabe. Para Ibish, "EE.UU. está bloqueado entre la Hermandad Musulmana y los antiislamistas", "dos concepciones opuestas a la democracia".
Bajo la era de Mursi, Washington se encontró en un terreno ambiguo, trabajando con el régimen islamista del "nuevo Egipto" y defendiendo la democratización y desarrollo económico del país. Kerry había dejado en marzo al Gobierno un cheque de 250 millones de dólares en concepto de asistencia presupuestaria. También renovó el apoyo a las FF.AA., desbloqueando en mayo 1.500 millones de dólares que Egipto recibe cada año, convirtiendo al Ejército egipcio en el segundo receptor de ayuda estadounidense, tras Israel. Pero aplazó la entrega de cuatro cazas F-16.
A principios de agosto, Kerry pareció apoyar la caída de Mursi, afirmando que el Ejército intervino para "restablecer la democracia" ante la demanda de "millones y millones de personas". Pero luego dio marcha atrás con un llamamiento para recuperar la democracia.
El Gobierno estadounidense evita con mucho cuidado emplear el término "golpe de Estado" para poder seguir enviando su ayuda. La ley estipula que ésta debe ser suspendida si un Gobierno civil es derrocado por un Ejército.
Kerry alabó en abril ante el Senado el decisivo papel de los militares para evitar una guerra civil tras la caída de Mubarak. También defendió la ayuda militar como "la mejor inversión que EE.UU. hizo en la región".
"Una de las características más espantosas del golpe egipcio es la concepción universal que adoptan los liberales de este país, que prefieren un régimen militar a uno islamista votado", deploró el experto James Traun en su blog de la revista Foreign Policy.
| Agencia AFP |



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