5 de abril 2017 - 00:00

“Efecto Moro” apunta a sacudir modorra judicial

Participó de un encuentro “informal” en la Corte Suprema con la mayor parte de los jueces federales.

Road show. El juez del “Lava Jato” Sergio Moro estuvo ayer con el titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, en el cuarto piso del Palacio de Justicia. Previamente, disertó en la UCA junto al ministro de Justicia, Germán Garavano.
Road show. El juez del “Lava Jato” Sergio Moro estuvo ayer con el titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, en el cuarto piso del Palacio de Justicia. Previamente, disertó en la UCA junto al ministro de Justicia, Germán Garavano.
Como si fuera un coach motivacional, el juez federal de Curitiba Sergio Moro completó su fugaz visita a la Argentina exhibido como un ícono de la lucha anticorrupción ante los más influyentes jueces federales del país, reunidos por la Corte Suprema. En un encuentro que suplió la apertura del año judicial, el protagonista de la investigación por el Lava Jato fue invitado para compartir su experiencia como impulsor del caso más resonante de Brasil, en lo que implicó un mensaje por elevación al Poder Judicial local, cuya capitalización compartieron (por turnos) el Gobierno y el presidente del máximo Tribunal, Ricardo Lorenzetti. Cauto al extremo, el visitante mantuvo el misterio con respecto a los hallazgos que podrían repercutir en el país, vinculados al pago de coimas para obtener obra pública a funcionarios aunque dictó algunas máximas dirigidas a magistrados y empresarios. Organizadores esperan "efecto contagio" en causas locales en el último sprint pre electoral.

Con una buena porción de los más representativo del Poder Judicial que incluyó a los presidentes de Cámaras Federales de todo el país y a los jueces federales de Comodoro Py- Lorenzetti aprovechó el evento para bajar mensaje anti impunidad y mostrarse rearmado en su ascendencia frente a los magistrados que concentran las causas de mayor impacto político. Hubo un capítulo dedicado a explicar el reciente fallo que restableció el límite de edad de 75 años para el frente interno. Con aclaración de que no estaba dedicado a nadie, en elíptica respuesta a María Servini de Cubría que cargó duro por la decisión. La jueza no participó del acto en el Palacio de Justicia, al que sí asistieron sus pares, Ariel Lijo, Sebastián Casanello, Daniel Rafecas, Rodolfo Canicoba Corral, Sebastián Ramos, Luis Rodríguez, Marcelo Martínez de Giorgi, Julián Ercolini y Claudio Bonadio, quien acababa de firmar el tercer procesamiento contra Cristina de Kirchner en la causa Los Sauces. Representantes de la Cámara Federal y de Casación Penal también dieron presente. "Dentro de esas políticas de Estado del Poder Judicial hemos insistido mucho desde hace varios años en la lucha contra la impunidad", remarcó Lorenzetti, que destacó "unidad interna" entre los jueces. Un párrafo pareció estar dedicado a la relación de los jueces con la coyuntura política: "Contribuir a la gobernabilidad es esencial", dijo. "Nuestro pueblo requiere tranquilidad, porque sus derechos están protegidos, y esa tranquilidad es la que brindan los jueces cuando son imparciales, cuando son prudentes, armoniosos en sus decisiones y tratan de perseguir la razonabilidad", subrayó al deslizar el aplomo necesario para haber superado "situaciones difíciles durante los últimos años".

Después de romper filas, se organizó una mesa donde Moro repitió parte de lo que había expuesto horas antes ante un auditorio en la Universidad Católica Argentina, con auspicio del Ministerio de Justicia que preside Germán Garavano. Hábil y didáctico en la exposición, Moro relató ante una subyugada Laura Alonso (que ofició de moderadora), la génesis de su caso. Formateado en universidades estadounidenses, el magistrado apuntó al combo necesario para llevar adelante casos como el que conmueve a Brasil: influencia en la opinión pública, gobierno y privados. Apuntó a esa receta para modificar casos de "corrupción sistémica" y eludió comentar expedientes criollos, más aún después de la insistencia de la titular de la Oficina Anticorrupción en compararlo efusivamente en desmedro de los jueces locales. Con metodologías distintas, Moro describió las alternativas de las negociaciones para obtener delaciones premiadas y lo efectivo que había resultado la prisión preventiva de algunos imputados para lograr confesiones. Con inusual volanteada para el contexto de Puerto Madero -que lo recibió con un estricto dispositivo de seguridad digno de un jefe de Estado- una agrupación brasilera llamaba a repudiar su visita con el argumento de que divulgó escuchas telefónicas entre Dilma Roussef y Lula Da Silva, además de adjudicarle nexos con Aecio Neves y apuntar contra el PT en su investigación. Nada de eso opacó su gira como celebrity judicial y ejemplo de cruzado anticorrupción que se referencia en el "Manipulite" italiano

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