- ámbito
- Edición Impresa
El 7-D “celestial”: los obispos convocan a ayuno antidrogas
El titular de la Conferencia Episcopal Argentina, José María Arancedo, se reunió ayer con el vicegobernador de Santa Fe, Jorge Henn. Los obispos motorizan una jornada nacional para reclamar medidas concretas contra el tráfico de drogas después del documento de la Asamblea Plenaria del último viernes.
El "7-D", viernes 7 de diciembre de 2012, iba a ser una fecha icónica para el Frente para la Victoria, que se preparaba para una celebración en masa ante la presunta plena entrada en vigencia de la nueva ley de servicios audiovisuales aprobada en el Congreso. Sin embargo, la Cámara Civil y Comercial Federal extendió una medida cautelar en favor del Grupo Clarín y la Casa Rosada debió esperar hasta después de las elecciones legislativas para celebrar el fallo de la Corte Suprema de Justicia que avaló la constitucionalidad de todos los artículos de la ley, incluido el referido a la desinversión del principal grupo mediático de la Argentina.
Este año, el 7-D vuelve a emerger como una fecha clave para la política criolla a partir de una jornada nacional de ayuno y oración convocada ayer por la Conferencia Episcopal Argentina. Este 7-D "celestial" será la continuación de un duro comunicado emitido el viernes pasado por los obispos de todo el país para denunciar la inacción estatal frente al avance del narcotráfico, donde advirtieron que "costará mucho tiempo y mucha sangre erradicar estas mafias".
Con la supervisión del papa Francisco, y encabezados por el arzobispo de Santa Fe y titular de la CEA, José María Arancedo, los religiosos aseguraron que "la sociedad vive con dolor y preocupación el crecimiento del narcotráfico" en el país y advirtió que "si la dirigencia política y social no toma medidas urgentes, costará mucho tiempo y mucha sangre erradicar estas mafias".
El problema del narcotráfico, según evaluó la CEA, "sólo será abordado eficazmente por medio de amplios consensos sociales que deriven en políticas públicas de corto, mediano y largo alcance". Y subrayó que "perseguir el delito es tarea exclusiva e irrenunciable del Estado", a la vez que expresó su preocupación por "la desprotección de las fronteras y por la demora en dotar de adecuados sistemas de radar a las zonas más vulnerables".
Por eso los obispos decidieron pasar de la denuncia a la acción. Y ayer convocaron a una jornada de oración y ayuno para el próximo 7-D, en la víspera del día de la Virgen. A través de un comunicado, el Episcopado pidió celebrar misa en las diócesis de todo el país, en las catedrales y santuarios, en las parroquias y capillas "por esta intención, recordando especialmente a los enfermos, a sus familiares y a los fallecidos por causa de este flagelo".
"La oración es una expresión de confianza dirigida a nuestro padre Dios, que siempre quiere lo mejor para sus hijos y conoce muy bien lo que padecemos y sufrimos cuando un niño, un joven o un adulto pierden la libertad, la salud y hasta la propia vida por causa de las drogas. Que la Virgen María, que nos cuida con ternura de madre, nos acompañe en este día", dijeron los obispos del Episcopado.
También ayer, el vocero episcopal, Jorge Oesterheld, ratificó que para los obispos del país "no hay medidas acordes a la gravedad del problema" del narcotráfico. "Este comunicado es una advertencia en la que reflejamos las problemáticas que vemos. En esta reunión se juntaron obispos de todo el país y lo que salió como tema prioritario fue esta realidad en la que cada vez hay más familias preocupadas por el tema de las adicciones y no vemos que esta problemática tenga repercusión en quien tiene la responsabilidad de conducir las cosas. No hay medidas acordes a la gravedad del problema", señaló Oesterheld.
En declaraciones a una radio, Oesterheld manifestó: "El tema de la droga está insertado como el divertimento del fin de semana y no podemos acostumbrarnos a eso porque nos hace un daño enorme y destruye familias todos los días".
"Es muy preocupante la advertencia de otros políticos que señalan a otros lugares como los generadores del problema y no los suyos propios. Éste es un problema de toda la sociedad y de la clase dirigente", subrayó. También sostuvo que "la diferencia con el año 2001 es que las instituciones democráticas que deben encargarse de esta problemática están funcionando muy bien, por lo tanto tienen que ocuparse".


Dejá tu comentario