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El acuerdo dejará claro que sólo queda una superpotencia
El presidente ruso, Dmitri Medvédev, hizo difundir la noticia de que el acuerdo de desarme nuclear que reemplazará al START I ya está concluido. Con todo, la Casa Blanca matizó afirmando que aún quedan algunos detalles por resolver.
Lo dilatado de las discusiones es una demostración de las dificultades que se presentan en una negociación cuando la simetría de fuerzas se modifica sustancialmente. Rusia posee un arsenal equivalente al de Estados Unidos, pero su peso específico es diferente del que tenía el de la Unión Soviética. Las demoras reflejan ese dato, como lo puso en evidencia el interés ruso de mayor definición sobre el concepto de misiles ofensivos y aquellos de naturaleza defensiva. Una diferencia que puede parecer menor, pero que trasluce que la asimetría alcanzó también al componente estratégico al no haber podido mantener Rusia el mismo nivel de desarrollo en sus arsenales.
El acuerdo representará una disminución de un tercio de los respectivos arsenales nucleares. Ese dato es de por sí alentador, pero lo que puede provocar menor entusiasmo será la letra chica.
Sin duda, ambas potencias dejarán de lado todo aquello que resulte innecesario y redundante en la actual estructura de poder mundial y que constituya un costo de mantenimiento y actualización exagerado frente a hipótesis de conflicto menos probables, como podría ser una guerra nuclear entre ambos. Eso también tiene un matiz preocupante, porque en definitiva el acuerdo puede implicar que la reducción de los arsenales sólo buscaría reorientar las respectivas necesidades estratégicas, mejorar la utilización y eficacia de recursos, y no el desarme propiamente dicho en un proceso de desaparición de las armas nucleares, tal como había propuesto Obama.
Patrón de poder
La razón, en definitiva, es obvia. Los arsenales nucleares siguen siendo para Estados Unidos el componente central de su existencia como superpotencia mundial. Representan el patrón de poder sobre el cual se asienta el enorme aparato militar norteamericano, que constituye hoy un volumen similar a la suma de todo el gasto militar del resto del mundo. Si bien esa diferencia de poder podría indicar que el basamento en la doctrina nuclear del pasado resulta hoy innecesario, en la realidad no lo es por cuanto ese inmenso poder en armas convencionales sería siempre relativo si no tiene el apoyo incontestable del arsenal nuclear. Ese aspecto, en definitiva, es el que hace la diferencia.
En ese marco, lo que ha variado para Estados Unidos es el concepto mismo del arma nuclear como instrumento de disuasión. En alguna medida, es una noción obsoleta. La asimetría de poder es tal con el resto de los Estados poseedores de armas atómicas, incluyendo a Rusia, que el temor de la destrucción mutua sobre la cual se basaba la disuasión ha desaparecido en su concepto original. Hoy Rusia puede ser materia de muchas preocupaciones para Estados Unidos, pero ninguna en esos términos. Esa situación ha hecho que el punto central de la disuasión sea también asimétrico. El temor de la utilización del arma nuclear, en todo caso, se trasladó al resto de los países y disminuyó para Washington.
Cambio
En ese contexto y en la peor de las hipótesis, Estados Unidos sabe que no hay potencia capaz de ganarle una guerra nuclear y que los daños eventuales que podría sufrir, aunque dolorosos, podrían ser razonablemente controlados. Esa apreciación implica un cambio central en la conformación del poder mundial y en la doctrina de defensa de Washington. Representa también otro dato preocupante y es que el arma nuclear puede ser utilizada, como lo fue en Hiroshima y Nagasaki. El desarrollo de las armas nucleares tácticas así podría indicarlo.
Este cuadro de realismo negativo pone de manifiesto la necesidad de que todos los países concentren la presión en la urgencia de lograr un completo desarme nuclear. Ya son nueve los países que cuentan con estas armas. En este marco, las amenazas de proliferación horizontal de ciertos países son graves y deben ser detenidas de inmediato. Sin embargo, la urgencia central es revertir la continuación de la proliferación vertical con la misma tenacidad para evitar que el mundo entre en un período que puede ser mucho más grave que en las peores épocas de la Guerra Fría.


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