4 de julio 2018 - 00:00

El acuerdo migratorio alemán pone otra vez en crisis a Europa

A nivel interno, la canciller logró apaciguar a sus aliados bávaros, ubicados a su derecha. Pero sus otros socios, los socialdemócratas, podrían desatar nuevas turbulencias en su Gobierno.

dilema. Por aceptar las condiciones de sus socios ubicados más a la derecha, Angela Merkel se arriesga a perder a los socialdemócratas.
dilema. Por aceptar las condiciones de sus socios ubicados más a la derecha, Angela Merkel se arriesga a perder a los socialdemócratas.
Berlín - El acuerdo de la canciller Angela Merkel para salvar su Gobierno, que prevé la expulsión de migrantes que lleguen a Alemania, provocó ayer críticas y cuestionamientos en Austria e Italia, donde podría provocar un efecto dominó.

Ante la presión del ala más derechista de su coalición, que amenazaba con abandonarla, Merkel debió aceptar terminar definitivamente de hecho con su generosa política migratoria iniciada en 2015, cuando su país recibió 1,2 millones de solicitantes de asilo.

El acuerdo "in extremis" alcanzado el lunes a la noche entre su partido de centro derecha (CDU) y el muy conservador partido bávaro CSU, prevé la instalación de "centros de tránsito" en la frontera entre Alemania y Austria para colocar a aquellos solicitantes de asilo que ya hayan sido registrados en otro país de Europa.

Viena acusó ayer a Berlín de no haberla tomado en cuenta. "En ningún momento fuimos consultados", se quejó en Luxemburgo el jefe de la diplomacia austríaca, Karin Kneissl.

Si el Gobierno alemán valida el compromiso alcanzado el lunes "estaremos obligados a tomar medidas para evitar desventajas para Austria y su población", explicó el Gobierno austríaco en un comunicado, que dijo estar "dispuesto a tomar medidas para proteger sus fronteras en el sur especialmente", con Italia y Eslovenia.

El acuerdo concierne en promedio a una cuarta parte de los solicitantes de asilo, que pueden ser expulsados en el marco de acuerdos bilaterales. Durante los primeros cinco meses del año su número aumentó a unos 18.000, sobre un total de casi 69.000 peticionarios, según las estadísticas oficiales.

La medida también contempla que serán devueltos al país de la Unión Europea (UE) por el que hayan ingresado, en el marco de acuerdos bilaterales, y en los casos que no haya acuerdos posibles será expulsados a Austria, que es por donde suelen llegar a Alemania.

Con el fin de intentar acercar posiciones con Viena, el ministro del Interior alemán, el conservador Horst Seehofer, anunció ayer que visitará "lo antes posible" al canciller austríaco Sebastian Kurz.

Italia, principal país de ingreso de los migrantes a Europa a través del mar Mediterráneo, tampoco quiere quedarse de brazos cruzados. "Si Austria quiere fijar controles, tiene todo el derecho. Nosotros haremos lo mismo", advirtió ayer el ministro italiano del Interior, Matteo Salvini.

El riesgo de que se produzca un efecto dominó en Europa emerge en el peor momento para Austria, que acaba de asumir la presidencia temporal de la Unión Europea por seis meses.

Las concesiones hechas por Merkel, bajo presión de la derecha dura de su Gobierno, amenazan los grandes principios del pacto alcanzado en la más reciente cumbre de la UE sobre los migrantes, donde los dirigentes se prometieron privilegiar soluciones europeas frente a las tentaciones de los Estados y ayudar a Italia en ese tema.

Pero en Alemania, Merkel todavía no supera su crisis de Gobierno. Si bien la canciller logró apaciguar a Seehofer (CSU), tendrá que convencer a sus otros socios de la alianza, esta vez la bancada de centroizquierda, para que apruebe el acuerdo.

Hasta ahora, el Partido Social Demócrata (SPD) se reservó su respuesta, pidiendo tiempo para considerarla. Si rechaza el acuerdo, la crisis del gobierno se reanudará y agudizará.

Uno de los especialistas socialdemócratas para los asuntos migratorios, Aziz Bozkurt, criticó el acuerdo que desde su punto de vista "va totalmente en el sentido de la extrema derecha", dijo.

Los ecologistas y la izquierda radical en Alemania compararon la idea de los "centros de tránsito" con "campos de internación masiva", en alusión al pasado nazi de Alemania, y pidieron a los socialdemócratas que los rechacen.

Agencias AFP y DPA

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