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El ajuste destroza hospitales griegos
La campaña electoral se impone en cada rincón de Atenas. Los ciudadanos deben concurrir de nuevo el domingo a las urnas para intentar destrabar el impasse político de la última elección legislativa. Se juega la permanencia de Grecia en el euro.
«Los políticos griegos se pelean en televisión sobre cómo se tiene que gobernar en el país, y nosotros aquí no tenemos ni yeso», afirma un médico en el hospital de la isla Quíos, en el Egeo.
Todavía es mucho más dramática la situación para los enfermos del corazón, ya que el principal hospital en la ciudad portuaria de Tesalónica, en el norte del país, no está llevando a cabo desde hace días operaciones ni revisiones cardiológicas. No se pueden implantar stents porque los proveedores no van a enviar material si no se les paga antes en efectivo, explican varios médicos. El hospital ya no tiene dinero para comprar esos pequeños dispositivos metálicos que se introducen en las arterias para mejorar la circulación sanguínea.
«Aquí impera el caos. Y con las vidas humanas no se juega», lamentaron los médicos. Sus llamamientos pidiendo ayuda los han oído en la fiscalía, que ayer decidió intervenir e investigar hasta qué punto la falta de material médico pone en peligro las vidas humanas.
Mientras el sistema público de salud se encuentra al borde del colapso, en los hospitales privados la situación debería ser muy diferente, pues allí se dirigen los pacientes desesperados. Sin embargo, hay muchos griegos que no se pueden permitir esas clínicas tan costosas. «La gente ya no tiene dinero, tenemos la mitad de pacientes que hace tres años», dijo un médico de la mayor clínica privada cerca de la ciudad portuaria Pireo.
El desmoronamiento del sistema no sólo afecta a las regiones más apartadas, sino a todo el país. En el hospital de la ciudad de Larisa, en el centro de Grecia, ni siquiera hay papel higiénico. En Serres, cerca de la frontera con Bulgaria faltan catéteres. Los familiares de los pacientes los compran en las farmacias. En Heraklion, Creta, no se pueden desinfectar bien las heridas porque no hay medicinas adecuadas ni guantes.
La situación de emergencia hasta afecta la comida de los enfermos. «Los familiares cocinan en casa según la indicación de los médicos y lo llevan al hospital», relata una enfermera de la isla Leros. No hay dinero para pescado o carne de vaca.
El Estado debe a los proveedores de material médico cerca de 2.000 millones de euros, informaba ayer el diario de Atenas Ta Nea. La situación es también terrible para los que sufren enfermedades complejas o graves y tienen que ser tratados en casa, pues las farmacias sólo dan medicamentos a cambio de dinero en efectivo, pues a ellos las aseguradoras estatales tampoco les paga desde hace meses.
Pero en el caso de algunos pacientes, la pensión no alcanza para comprar también medicamentos, así que tienen que dirigirse a los familiares o a los vecinos para conseguir las medicinas.
«Durante 38 años pagué fielmente mis contribuciones al seguro social y ahora me dicen que no hay dinero. Es una vergüenza», afirma Yorgos Papadópulos, que toda su vida trabajó de cocinero en cargueros.
Agencia DPA


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