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El año que se volvió a ver su cine
Leonardo Favio entrevistado por el periodista Marcelo Zapata, de Ambito Financiero, en la apertura del ciclo en la SDDRA (1988). Al lado, «Crónica de un niño solo».
Por esa época, Favio no hacía mucho que había vuelto a radicarse definitivamente en el país después de los años que pasó en Colombia y otros países de América Latina, y su cine, si bien no estaba olvidado, no gozaba de difusión en televisión, cable o video. Las jóvenes generaciones, de no ser por sus padres, no lo conocían demasiado, de modo que su sorpresa ante la propuesta de Ambito Financiero, a cuyos periodistas recibió en un modesto hotel de la calle Cabello, cercano al hospital Fernández, donde residía entonces, no dejaba de ser sincera.
En la función inaugural (el 2 de junio de 1988, con «Crónica de un niño solo»), no dejó de repetirlo, y de agradecer este nuevo encuentro del público con su cine con una emoción que excedía cualquier clase de protocolo. Todas las funciones, los jueves de junio, fueron a sala llena: se vieron después «El dependiente», que fue presentada por Graciela Borges, su protagonista, «Juan Moreira» y «Nazareno Cruz y el lobo».
«Todas mis películas partieron de un acto de amor», dijo Favio, durante la presentación del ciclo. «Vistas a la distancia, no sé si son distintas películas o la misma, en varias partes. El dependiente, por ejemplo, podría ser un capítulo de Crónica de un niño solo; Juan Moreira podría ser una historia que se contaran dos personajes de distintas películas entre sí; Nazareno Cruz y el lobo, un cuento de medianoche».
Favio no tenía entre sus prioridades a «Gatica», en ese momento, aunque sí estaba resuelto a volver al cine. Esa noche dijo: «Después del silencio impuesto por el golpe en 1976, el año pasado tomé la firme determinación de volver a filmar. Uno de mis proyectos es el libro de Osvaldo Bayer sobre Severino Di Giovanni, en cuyo guión estoy trabajando. El otro, basado en leyendas populares, y sobre un libro de mi hermano Jorge Jury, se denomina El poder del coludo Caifás, que ése es el nombre que recibe el demonio en algunos lugares de América latina. En esta película tendrá una participación decisiva el mundo de los sueños: trataré de dar cuenta de esa pesadilla gelatinosa que es la realidad en América latina. Aunque no tengo, todavía, fecha cierta de inicio de rodaje, la haremos parte acá, parte en Cartagena, Colombia y Nicaragua, seguramente con Rodolfo Bebán como protagonista».
El público festejó muy especialmente una de sus anécdotas, cuando la entrevista pública a Favio giraba en torno de la poca publicidad que tenían por entonces muchos títulos argentinos, y lo poco que se veían algunas películas que habrían merecido mejor suerte.
«El director debe darle tanta importancia a la promoción de su obra como si fuera un publicista. Un director debe por fuerza ser un poco pícaro, un poco oportunista, un poco prostituta», dijo entonces. «Cuando yo hacía Juan Moreira o Nazareno, muchas veces inventaba, durante la filmación, un montón de extras pintorescos, vestidos de manera atractiva, o escenarios vistosos que despúes ni sabía cómo iba a ponerlos en la película. Todo eso para que el periodismo tomara muchas fotos y la gente empezara a interesarse en lo que yo estaba haciendo. Es más: alguna vez ví una frase mía en un reportaje y me pregunté: ¿yo dije eso? Bueno, si lo dije lo voy a usar en alguna película, porque es bueno pero no me acuerdo.»
M.Z.


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