5 de agosto 2016 - 00:00

“El arte aplaca nuestro dolor”

Radicada desde hace cuatro décadas en Francia, la exquisita actriz regresa cada vez con más frecuencia a la Argentina. Además de su nuevo desafío teatral, en estos momentos también actúa en TV como la madre de Adrián Suar en “Secretos de familia”.

Marini. “Mi personaje es como el arquetipo de una señora de barrio de clase media, con fantasías y deseos que uno no adivinaría si la viera pasar por la calle”.
Marini. “Mi personaje es como el arquetipo de una señora de barrio de clase media, con fantasías y deseos que uno no adivinaría si la viera pasar por la calle”.
La exquisita Marilú Marini debutará el próximo viernes en la Sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza como protagonista de "Todas las canciones de amor", de Santiago Loza, bajo la dirección de Alejandro Tantanián. La obra gira en torno del reencuentro entre una mujer de clase media -"una madre arquetípica", según la actriz- y su hijo, a cargo de Ignacio Monna. Marini reside desde hace cuatro décadas en París, donde fue condecorada como "Commandeur des Arts et des Lettres".

Su regreso a la escena argentina se produjo a fines de los '90 cuando interpretó en el Teatro San Martín, junto al director Alfredo Arias, "La mujer sentada" de Copi. Desde entonces ha sido convocada cada vez con mayor asiduidad por directores, cineastas y por productores de televisión. Actualmente participa en la tira "Secretos de familia", por Canal 13, como la madre de Adrián Suar.

Su Noe es una abuela elegante, desprejuiciada y algo dada a la bebida. Pero, pese a su carisma, el personaje no da muchas pistas acerca de lo que Marini es capaz de hacer en un escenario. Por ejemplo, cuando encarnó a una mujer con esclerosis lateral amiotrófica ("33 variaciones") o la feroz Madame del clásico contemporáneo "Las criadas", de Jean Genet, en la puesta de Ciro Zorzoli.

"La televisión plantea un lenguaje y una densidad muy distintos de los del cine o el teatro, en los que se movilizan zonas primitivas del inconsciente", acota. "Además, en la televisión se nos pide trabajar en un contexto con el que no se puede desentonar". Dialogamos con ella:

Periodista: Para trabajar con el inconsciente qué mejor que una obra de Loza, buen explorador de la mente femenina.

M.M.:
Yo me identifiqué inmediatamente con su universo a través de "La mujer puerca" y "Nada del amor me produce envidia". Es hermoso cómo hace hablar a esos seres grises y cotidianos que están poblados de fantasías y deseos como cualquier ser humano, porque el inconsciente existe para todo el mundo. Esta obra no está ubicada en el drama ni en la comedia. Yo diría que es... vida.

P.: ¿Qué papel juega el hijo?

M.M.:
Representa todas las pérdidas y reencuentros de esta mujer. Se separaron por un conflicto y ahora él vuelve con un amigo, y el amigo es negro. Ante eso, la mujer debe procesar toda la información desde su moral pequeñoburguesa y lo hace con humor, pero es denso. No es un personaje naturalista, es como el arquetipo de una señora de barrio de clase media, con fantasías y deseos que uno no adivinaría si la viera pasar por la calle. Como uno no pensaría que la vecina de palier, esa señora que vive sola con su gato, tiene una imaginación frondosa y es una Madame Bovary.

P.: ¿Es cierto que el idioma francés moviliza más energía que la que se activa al hablar en español?

M.M.:
Sí. El francés es un idioma que necesita de una gran energía física. Hay que articular con más precisión, porque las palabras se acentúan de acuerdo con el ritmo que uno le otorgue a la frase entera. El español, en cambio, y sobre todo el argentino, tiene esa especie de fluidez y de calma... No hay que articular tanto los sonidos para que vibren. De todas maneras, cuando actúo en español, que es mi lengua materna también, me adapto a esa energía. Por ahí es un prejuicio de vieja actriz, pero a mí me gusta que se entienda todo lo que digo.

P.: ¿El francés se infiltra mucho en sus pensamientos?

M.M.:
Aparece mucho. Ahora que lo pienso... muchas veces la ira y lo combativo me sale en francés. No sé por qué. En ocasiones, cuando nos peleamos con Rodolfo (su marido, el actor argentino Rodolfo De Souza) lo hacemos en francés.

P.: ¿No pensó en volver a radicarse en Buenos Aires luego de la ola de atentados en Francia?

M. M.:
Es algo que pensamos, pero es una decisión difícil porque allá tenemos nietos y eso tira más que una locomotora. Cuando ocurrieron varios de estos atentados yo estaba ensayando en otras ciudades y al enterarnos de las noticias quedábamos paralizados, como si nos hubieran dado un golpe en la nuca. Al mismo tiempo no quisimos que la situación nos congelara y encontramos en nuestro trabajo la protección para poder salir de ese mundo de horror. El trabajo y el arte es lo que permite sanar y aplacar el dolor.

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