8 de enero 2013 - 00:00

El arte de estafar sin perder el encanto

Richard Gere y Nicholas Jarecki durante el rodaje de «Mentiras mortales», un film sobre un financista seductor y corrupto.
Richard Gere y Nicholas Jarecki durante el rodaje de «Mentiras mortales», un film sobre un financista seductor y corrupto.
Esta semana se estrena «Mentiras mortales» («Arbitrage»), comedia dramática con Richard Gere como un seductor financista que puede ir preso por asesinato. En setiembre pasado, la película abrió el 60° Festival de San Sebastián, presentada por Susan Sarandon, Gere y el director Nicholas Jarecki. Dialogamos con los dos últimos.

Periodista: Jarecki, ¿es cierto que usted entró al cine gracias a sus habilidades como hacker?

Nicholas Jarecki: Algo así. Reconozco que a los 15 años llegué a hacer algunos negocios hackeando algunos sitios. Pero lo mejor fue que me contrataron como consultor técnico para la película «Hackers», con Angelina Jolie, que entonces apenas tenía 20 años. Me encantó el ambiente, y me fui derecho a estudiar cine en la New York University. Después escribí un libro de entrevistas a directores de cine, hice un documental sobre un director amigo, fui productor ejecutivo de su trabajo sobre Mike Tyson, no mucho más que eso.

P.: ¿Y no es hermano de dos documentalistas conocidos?

N.J.: Mis medio hermanos Andrew («Capturando a los Friedman») y Eugene, que ha investigado sobre Kissinger, Reagan, la industria bélica y la sociedad americana según economistas en «Freakonomics» y otros films.

P.: ¿Cómo nació «Mentiras mortales»?

N.J.: Empecé a escribirla en medio de la crisis inmobiliaria y seguí durante la crisis global, curioseando las distintas reacciones de la gente. Conozco pescadores convertidos en inversionistas, un americano que apostó contra la burbuja y ganó 2000 millones en un año, etc. Cosas así han inspirado algo de esta película sobre un gestor de empresas metido en una suma de problemas.

Richard Gere: Atención, porque el personaje está en el mundo de las finanzas, pero la película no aborda el tema financiero, sino el interior de las personas, qué quieren, cómo definirían su felicidad. Los norteamericanos no estamos contra las personas exitosas y millonarias, pero nos duele la gran avaricia de muchos adinerados y la locura del mundo financiero que convirtieron el mundo en un juego de suma cero, y disfrutan de ello. El juego en sí, es como una cosa infantil. Mi personaje juega, arriesga perder una cosa tras otra, negocia con su rival a cuál es más tramposo, los dos contentos, y creo honestamente que lo suyo no tiene que ver con el dinero sino con el placer de jugar, de ponerlo todo en juego.

P.: Usted lo representa como un tipo simpático.

R.G.: Cuando a usted le toca un papel así, o se hace el Malo con mayúscula, o interpreta un ser humano, y la elección que teníamos con todos los personajes era interpretar seres humanos, desde el gestor hasta su mujer y el detective que lo investiga. Yo debía encontrar «el Bill Clinton» de mi personaje, por así decirlo, un tipo que sabe nadar a través de todas las corrientes adversas que le surgen, y al final es un ganador. Esta historia no funcionaría con un perdedor.

P.: Debe ocultar la quiebra de su empresa, vendérsela a alguien con engaños, simular un homicidio culposo, poner a un amigo en riesgo de cárcel, por menos de eso el público lo odiaría. Sin embargo, éste resulta simpático y casi siempre cae parado.

N.J.: Quisimos hacer un entretenimiento para que el público disfrute y se identifique con ciertas circunstancias que atraviesan nuestros personajes. Sigo los consejos de mi madre: un reparto de estrellas hermosas, seres humanos, y toques de humor hasta en los momentos más oscuros, como en algunas historias de Woody Allen.

R.G.: Es un thriller con mucha energía, de tema relevante para el mundo actual, y con un personaje que me gusta. En el budismo tibetano existen «los fantasmas hambrientos», nunca quedan satisfechos porque tienen bocas pequeñas y estómagos grandes, bueno, son monstruos, pero yo no veo ningún monstruo, ni veo a nadie lejos de la redención. No he conocido a nadie que no tuviera dentro suyo las semillas del amor y de la empatía. Fíjese en Bill Gates. Cuando se hizo millonario no te daba ni cinco dólares para caridad. «Soy demasiado joven para esto». Pero algo sucedió dentro suyo, porque cambió. Pocos millonarios tuvieron mayor efecto sobre la salud de este planeta que él con su Fundación. Así que es posible que las personas cambien.

N.J.: Otros siguen las reglas del «Monopoly» que la Parker Brothers lanzó en los 30: «Recuerda. Para ganar no solo debes acumular dinero, sino que también debes hacer que los demás acaben en la bancarrota». Para mi, los problemas económicos americanos ocurrieron porque los poderosos se divorciaron de una idea básica: todos los negocios son para mejoranos a nosotros, los amigos y la comunidad. Además, todo el mundo cree que el fin justifica los medios. En «Mentiras mortales», hasta el detective comete un fraude para lograr sus propósitos. Sobre eso, cuando estaba escribiendo el guión me entró la duda y consulté a un abogado. Le dije «¿la policía puede manipular pruebas? ¿la policía es capaz de hacer semejante cosa?» El otro resopló y me contestó «¿Sos tonto o qué?».

Entrevista de Paraná Sendrós

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