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El barroco colonial celebró su fiesta
La propuesta de La Capilla del Sol estuvo dividida en dos, y abarcó un amplísimo rango de estilos y lenguajes en el ciclo de música de PIlar Golf.
La presentación de la Capilla del Sol (el grupo residente del Museo de Arte Hispanoamericano "Isaac Fernández Blanco" de esta ciudad) en el marco de la temporada de Conciertos Pilar Golf se plasmó en una propuesta inusual. Su director, Ramiro Albino, especialista en el repertorio del Barroco colonial latinoamericano, se adentró esta vez en las músicas que resonaban en los conventos de monjas de los siglos XVII y XVIII en México, Colombia, Guatemala, Perú y Bolivia, y el resultado, más allá de su innegable valor musicológico, fue de absoluto disfrute no sólo por la calidad de las piezas interpretadas sino por las refinadas y vivaces versiones que se pudieron escuchar.
El título del concierto remite a los versos que Sor Juana Inés de la Cruz (la más célebre religiosa y mujer de letras de la América barroca) escribiera con motivo de la profesión de una monja: "Vengan a la fiesta, vengan, señores, que hoy se casa una niña, y es por amores", pero también a la fiesta en tanto que celebración de las festividades cristianas, en el interior de los conventos.
De esta manera la propuesta estuvo dividida en dos, y abarcó un amplísimo rango de estilos y lenguajes. En la primera parte se pudo escuchar música para la liturgia, entre la que cabe destacar una hermosa "Misa a dúo y bajo de la escoleta de Bethlehem" de Mariano Soberanis y "Con suavidad de voces", "chansoneta" para la profesión de una monja del convento de la Santísima Trinidad de Puebla de los Ángeles. La segunda, dedicada a la música festiva, entusiasmó más al público por su rítmica y su espíritu. Así desfilaron tres piezas anónimas del Convento de Santa Eulalia de Guatemala (sorprendió la refinada "María de solo un buelo"), el villancico negro colombiano llamado "Toca la flauta" de Antonio Torices, el "Villancico al Nacimiento" de José de Cascante, la lúdica "Para divertir al niño" del peruano Eustaquio Franco Rebollo y la jacarilla "Oygan, escuchen, atiendan" de Manuel de Mesa y Carrizo (Sucre).
Además de su bagaje cognitivo y su experiencia, Albino cuenta con un grupo de músicos consumados en su arte y avezados en este repertorio, seis cantantes (una de ellas, Adriana Sansone, debió limitarse a tocar muy bien- la percusión por una indisposición vocal) y cinco instrumentistas que forman un sólido y al mismo tiempo expresivo tejido. Entre las primeras (Soledad de la Rosa, Silvina Sadoly, Flora Grill, Verónica Canaves y Beatriz Moruja), De la Rosa brilló por la flexibilidad de su línea y su emisión de armónicos capaces de desafiar la muy seca acústica de la sala. Evar Cativiela (vihuela), Gabriela Guembe (viola da gamba), Eduardo Rodríguez (bajón), Federico Ciancio (arpa) y la gran organista uruguaya Cristina García Banegas constituyeron un exquisito sostén instrumental.


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