30 de diciembre 2013 - 00:00

El breve descanso del guerrero

Wall Street se tomó un respiro. El avance de las acciones que se motorizó después del "tapering" se frenó el viernes, no sin antes clavar los récords de rigor. Es el descanso del guerrero, después de dos raudas semanas a la ofensiva, en un año inusualmente victorioso. Conviene tomar nota: el índice NASDAQ escaló el 37,7%; el Russell 2000 (una colección amplia de compañías pequeñas), el 36,7%; el S&P 500, el 29,1%, y el Dow Jones Industrial, el 25,8%. Como se lo mire, un desempeño excepcional. La tregua del viernes es merecida. Y si Wall Street quisiera vacaciones prolongadas, la verdad es que podría tomarse toda la temporada porque las tiene pagas, con creces, por adelantado. El mercado bull -que comenzó en marzo de 2009- acumula, en la métrica del índice S&P 500, un avance del 172%. Pero lo suyo no es la pereza, sino la adicción. Después del rally de Navidad, todo está montado para sacarle el jugo a otra rara, conocida y persistente anomalía. A la vuelta de la esquina espera el prometedor efecto enero. Y fogonearlo será una tentación irresistible.

Fervor

En 2013 pocas cosas subieron más que Wall Street. La Bolsa de Tokio, por ejemplo, que arañó el 60%. O, como acotarían los escépticos de la recuperación, la hoja de balance de la Fed que, gracias a las compras de bonos del QE3, se expandió al 40%. El fervor accionario, a simple vista, se alinea más con este número que con el 4% de crecimiento nominal del PBI. Y, en esa misma veta de análisis, el despliegue del Nikkei (medido en yenes) correlaciona también con la QQE -la expansión cuantitativa y cualitativa- del Banco de Japón que en abril pasado asentó su voluntad de duplicar la base monetaria en menos de dos años. Con el comienzo del "tapering" en diciembre, la Fed, por cierto, preanuncia un 2014 muy distinto.

En el cortísimo plazo, la radiografía de Wall Street revela una notable exuberancia. No tanto en su estructura ósea como en las partes blandas. Es la hinchazón de la sobrecompra. Y se gestó en un par de semanas frenéticas tras la decisión de la Fed, el 18 pasado, de iniciar la poda del QE3. El rally de alivio no sólo envalentonó las cotizaciones, sino la psicología de los inversores. Los precios de las acciones se ubican hoy dos desvíos estándar sobre su media de 50 ruedas: cuando ello sucede, rara vez permanecen allí. Lo usual es una descompresión. De las cotizaciones o de la prisa. Si lo que se indaga es la participación -la cantidad relativa de papeles que forman parte del avance-, se aprecia el vértigo alcista: en diez días se pasó de la sobreventa al exceso opuesto. Pero el cambio más profundo anida en la visión de quienes invierten: el 55% se declara optimista de cara a los próximos seis meses y, en un año tan generoso, por primera vez desde enero, son más de la mitad de la muestra. El salto reciente es de 20 puntos (y no hubiera sido posible si la entidad que dirige Ben Bernanke no quitaba la espina de la duda del tapering). Hay que remontarse a enero de tres años atrás para encontrar una confianza superior. Cerrar diciembre en esa cumbre es otra señal de efervescencia. Pero, teniendo en cuenta la fortísima estacionalidad favorable, lo que cabe esperar es que toda pausa o retroceso de la Bolsa no dure demasiado. Cuando hace techo en diciembre, el optimismo de los inversores (y los flujos que arrastra consigo) siempre construye encima, aunque sea una fugaz terraza para estrenar en enero.

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