11 de octubre 2010 - 00:00

El campamento palpita las horas decisivas

Mina San José (Copiapó) - En medio del árido desierto de Atacama, donde el sol cae severo de día y la neblina gélida se apodera de la noche, creció el Campamento Esperanza, que se inició con sillas para que los familiares esperaran noticias de sus mineros atrapados, y que hoy cuenta con sala de clases, comisaría y sala de prensa.

Esta metamorfosis empezó con una simple llamada telefónica el 5 de agosto pasado.

La municipalidad de Copiapó, ubicada a 40 km de la mina, instaló una gran carpa en el lugar para brindar apoyo a los familiares que iban llegando. Hoy es el comedor donde diariamente desayunan, almuerzan y cenan más de 1.000 personas, entre familiares, socorristas y periodistas.

Para los familiares, su posición firme fue un factor importante en el rescate realizado por el Gobierno. «Llegó un momento en que pensamos que si no nos parábamos como familia, el abandono podría ocurrir. Si no nos hubiéramos quedado aquí tal vez otro sería el resultado», dice María Segovia.

María es hermana del minero Darío Segovia, y ha sido proclamada por las familias como la alcaldesa del campamento. El nombre de Esperanza se lo pusieron tanto los Segovia como los Yáñez. «Una semana después del accidente, cuando empezó a llegar la maquinaria para buscarlos, lo bautizamos Esperanza», cuenta Cristina Núñez, esposa de Claudio Yáñez.

La epopeya provocó también que la hija de uno de los mineros, nacida durante la espera, fuera llamada Esperanza. Tras el accidente, los municipios de los alrededores trajeron alimentos, colocaron cocinas y generadores eléctricos, mientras el Gobierno instaló dos módulos de prensa con una señal de internet que abastecía a todo el campamento.

En tanto, las compañías de telefonía móvil llegaron con antenas hasta la zona: todas las llamadas de celulares son gratuitas en los alrededores de la mina.

Con el tiempo, el Gobierno dispuso carpas exclusivas para que duerman los familiares. Durante el día, las familias se juntan en las tiendas de campaña que rodean el acceso a la mina.

En tanto, las decenas de periodistas que han llegado de todo el mundo instalaron sus propios campamentos y generadores eléctricos.

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