22 de mayo 2017 - 00:00

El candidato del mercado está “flojo de papeles”

Frente al probable derrumbe del Gobierno de Temer la clásica danza de candidatos a sucederlo va desde los expresidentes Inácio Lula da Silva y Fernando Henrique Cardoso hasta miembros del Supremo Tribunal Federal como Joaquim Barbosa o Cármen Lúcia. Pero para el establishment y sobre todo, para el mercado su candidato es Henrique Meirelles, el actual ministro de Hacienda.

Henrique Campos Meirelles, es uno de los líderes de las élites brasileñas, siempre posicionado por encima de cualquier sospecha. Comenzó su carrera en el BankBoston en los 70 donde se desempeñó durante 28 años, llegando a posiciones internacionales hasta la fusión con el Fleet Financial Group. Volvió a Brasil para incursionar en la política y es elegido diputado federal, pero Lula lo nombra presidente del Banco Central, acompañando al líder del PT durante sus dos mandatos. Cuenta la leyenda que tras su salida del BC, Meirelles recibió varias ofertas del sector privado, entre ellas de los bancos Barclays y Goldman Sachs. Luego con Dilma Rousseff ocupó un cargo clave en el Comité Olímpico para volver con Temer como ministro de Hacienda.

Sin embargo, en estas álgidas horas desde que se desató la crisis política sobre Temer todos parecen soslayar un pequeño detalle en su biografía: entre 2012 y 2014/16 ocupó el cargo de presidente del ahora escandaloso grupo JBS, más precisamente del Consejo de Administración; por expresa invitación de Joesley Batista. ¿Cómo explicará que durante esos años en los que el grupo, ahora reconoce, haber pagado coimas a políticos, el "Chairman" no supiera nada, cuando una de sus responsabilidades era el contacto con el mundo político y tenía trato cotidiano con el ahora megadelator y su expatrón Joesley Batista? Curiosamente desde el ministerio de Meirelles señalan que ocupó un cargo consultivo, en un "inexistente" Consejo Consultivo" del grupo JBS. Pero lo cierto es que el sentido de supervivencia hace cuestionar a la sociedad brasileña si entre tener a Temer en el Planalto con una economía funcionando o una Madre Teresa y una economia en pánico, el mercado racionaliza que, no hay madres Teresas en la política, que el precio de la incertidumbre ya se pagó y no está garantizado que el posible sucesor de un eventual mandato de transición tenga la convicción y fuerza para aprobar las reformas. A diferencia de la salida de Dilma, no hay multitudes en las calles. Para mucha gente, sacar a Temer ahora en busca de un presidente intachable y cambiar lo que está dando cierto por algo desconocido, tendría más pérdidas que beneficios. En la visión del establishment la elección de 2018 está cerca, dando al país la chance de hacer su elección moral, eligiendo un candidato que sea mejor que Temer.

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