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El color, tema olvidado por la crítica vuelve con Cyroulnik
Obra de la argentina Karina Peisajovich, quien junto a Fabián Burgos, Juan José Cambre, Verónica Di Toro, Mirtha Dermisache y los franceses Olivier Filippi y Emmanuel Van Der Meulen integran «El color: instrucciones de uso», curada por Philippe Cyroulnik.
«La muestra de Vasari agrupa, en una amigable confrontación, a siete artistas para quienes el color es una experiencia importante. Ellos desarrollan el tema según sus singularidades, pero cada uno, a su manera, renueva la percepción», observa el curador.
La figura central de la muestra, con sus bellos grafismos en riguroso color negro, es Mirtha Dermisache. El curador y la galerista Marina Pellegrini homenajean a la artista que murió el año pasado. En una carta fechada en marzo de 1971, Roland Barthes, le escribía desde París luego de ver su cuaderno de grafismos: «Me permito decirle muy simplemente cuánto me ha impresionado esto, no sólo la alta calidad plástica de sus trazados (esto no es indiferente) sino también, y sobre todo, la extremada inteligencia de los problemas teóricos de la escritura que su trabajo supone. Usted ha sabido producir un cierto número de formas, ni figurativas ni abstractas, que podrían ubicarse bajo el nombre de escritura ilegible. Lo que lleva a proponer a sus lectores, no los mensajes, ni siquiera las formas contingentes de la expresión, sino la idea, la esencia de la escritura. Nada es más difícil que producir una esencia».
En la galería hay una pila de papeles con sus grafismos que los espectadores pueden llevarse, además de las dos páginas con el texto de Cyroulnik.
Ese mundo blanco interrumpido tan sólo por las sombras, un mundo puro y conceptual, fue durante siglos el de los filósofos, ya que el color perturbaba el acceso al conocimiento y la verdad. Desde Platón hasta Newton, que le brindó jerarquía científica al estudio del color cuando descubrió que los siete colores de arco iris forman parte de la luz blanca, pasando por Goethe, que cuestionó los hallazgos de Newton mediante su teoría subjetiva y perceptiva, el color es motivo de análisis. No obstante, mientras los artistas optan por ser consecuentes con los sistemas o, por seguir el impulso de la emoción subjetiva, en el plano de la crítica artística, el color ha inspirado tan sólo unos pocos trabajos aislados.
La muestra se abra con una pintura de Cambre que, al dar vuelta uno de sus cuadros, muestra la fórmula de los colores que componen la obra. Así queda el sistema desnudo. Burgos investiga las posibilidades expresivas del monocromo en una pintura donde el azul configura la forma. En su texto, Cyroulnik destaca el diálogo y la confrontación que Burgos establece con la tradición abstracta de Europa. La joven Verónica Di Toro le brinda a sus bandas de colores una independencia tal, que les permite ganar espacio fuera del soporte.
Si bien las visiones de este grupo de artistas mantienen una ironía distanciada de los planteos teóricos, Peisajovich investiga ese universo, al igual que en la década del 40 lo hizo Raúl Loza y, en la del 60, Alejandro Puente. Peisajovich suele trabajar con luz y crear espacios envolventes para insertar al espectador en la configuración artística, pero ahora presenta siete dibujos basados en las teorías del color. En ellos reproduce algunos de los diferentes sistemas históricos. Cada dibujo es un esquema -real o inventado- que representa el desarrollo de una teoría y lleva el titulo de su autor, como Young (fisico), Hering (fisiólogo) y Munsell, Runge y Hickethier (pintores).
«En el año 2010 empecé a investigar las teorías del color y encontré joyitas de autores insospechados que intentan dilucidar cómo percibimos el mundo; desde la filosofía, la poesía, la física, la química y el arte», observa la artista. «Platón pensaba que los ojos no reciben luz sino que emiten rayos de visión; y a pesar de que está demostrado que esta teoría es físicamente incorrecta, yo creo que Platón no estaba tan equivocado a nivel perceptual». Peisajovich se adentra en la historia y cuenta con pasión que cuando Newton publicó «Optica», recién comenzaron a distinguir la diferencia entre el color-luz y el color-pigmento que tienen comportamientos distintos. Agrega entonces que los poetas románticos odiaban a Newton ya, que, de alguna manera, venía a romper la ilusión y la poesía del arco iris reduciéndolo a los colores prismáticos. «Su principal contrincante fue Goethe», concluye.
Finalmente, los franceses Filippi y Van Der Meulen, demuestran con sus obras la vitalidad de la escena de la abstracción en Francia, realidad que subraya Cyroulnik, orgulloso de esta tradición.


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