27 de octubre 2017 - 00:00

El Congreso que salvó a Temer puede condenar sus planes

Los votos que obtuvo para evitar su suspensión por una acusación por corrupción parecen insuficientes para que logre sacar la crucial reforma previsional.

Brasilia - El presidente de Brasil, Michel Temer, logró el miércoles un triunfo sin sobresaltos en el Congreso para no perder la inmunidad, pero el apoyo con el que cuenta no alcanza aún para que el legislativo apruebe su agenda de reformas económicas.

Los 251 votos favorables -sobre un total de 513- para rechazar la segunda denuncia por corrupción en su contra están lejos de los 308 que el Gobierno necesita para contar con una mayoría autónoma que le permita sancionar los proyectos propuestos por el oficialismo.

El Gobierno logró ese apoyo después de arduas negociaciones en la Cámara baja. El Ejecutivo aprobó una serie de descuentos impositivos para diferentes sectores productivos, renegoció deudas de estados y municipios con el Gobierno central e hizo promesas de cargos para parlamentarios, según la prensa. De acuerdo con los medios locales, el costo de todas las esas negociaciones rondó los 3.700 millones de dólares para sus aliados.

Entre los más beneficiados por las concesiones autorizadas por el líder conservador está la poderosa bancada de 190 diputados que representa el sector agropecuario.

La semana pasada, el Ministerio de Trabajo aprobó una serie de normas que atenuaron la definición de trabajo esclavo y que al mismo tiempo obstaculizan el combate al trabajo forzado. Esta era una vieja demanda ruralista, sector que suelen ser el que más trabajadores emplea en condiciones análogas a la esclavitud.

Las medidas, que supusieron para el Gobierno brasileño una serie de repudios nacionales e internacionales, fueron suspendidas provisoriamente esta semana por una jueza del Supremo Tribunal Federal.

Este nuevo triunfo de Temer en el Congreso es visto como una garantía de que el presidente permanecerá en el cargo hasta el fin de su mandato, el 31 de diciembre de 2018. No obstante, el Ejecutivo salió debilitado de la contienda, ya que cumplir con las promesas efectuadas supone un duro golpe a la ya tambaleante economía del país, que había mostrado algunos síntomas de recuperación en los últimos meses.

El Ejecutivo depende de las concesiones que haga en el Congreso, que en víspera de año en electoral es probable que sea renuente a votar a favor del paquete de privatizaciones -anunciado en agosto- y de reformas económicas. Ambas iniciativas son del agrado del mercado, pero muy impopulares entre el electorado.

De esa forma, el Gobierno de Temer ve alejarse la posibilidad de aprobar la reforma del sistema jubilatorio, que es vista como fundamental por el equipo económico para equilibrar el déficit de las cuentas públicas.

Con un margen menor para aprobar el paquete de privatizaciones y reformas, el Gobierno corre el peligro de perder también el apoyo de los mercados, que hasta aquí fue fundamental para Temer.

En poco más de un año de gestión, el oficialismo logró aprobar demandas del sector financiero, como las controvertidas leyes de flexibilización de las leyes de trabajo, de tercerización total de empleados y el congelamiento por veinte años del gasto público.

Temer, según las últimas encuestas, tiene un margen de aprobación de entre el 3% y el 5%, el nivel más bajo para un mandatario del país desde la vuelta de la democracia en 1985.

El líder conservador, así como gran parte de la clase dirigente del país, está salpicado por las denuncias del caso "Lava Jato", el megaproceso anticorrupción que empezó en 2014 y desde entonces ha hecho trizas la imagen de la clase política. Los escándalos dispararon el hartazgo y el descontento de la población. Según una encuesta reciente, el 94% de los brasileños no se siente representado por sus políticos.

Agencia DPA

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