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El costo de tener que coincidir con Chávez y Castro
El depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya dialoga con Hugo Chávez, mientras el nicaragüense Daniel Ortega intenta que la conversación no se escuche. Los países del ALBA retiraron sus embajadores en Tegucigalpa. También lo hizo Luiz Inácio Lula da Silva.
«Estados Unidos se ve atrapado en la necesidad de dar apoyo al presidente democráticamente elegido. Lo que ha hecho la Casa Blanca es lo único que podía hacer», dijo por su parte el analista boliviano Eduardo Gamarra, experto en América Latina de la Universidad Internacional de Florida (FIU).
«Zelaya tiene el apoyo de Chávez y de Fidel Castro, por lo que esto es una prueba de fuego tanto para Obama como para la OEA», agregó Gamarra, director de investigación de la consultora Newslink, en Miami.
«Hay un gran consenso entre las instituciones internas de Honduras en que el Presidente estaba violando la Constitución y que se hizo algo necesario, por lo que va a ser muy difícil cambiar el rumbo de los acontecimientos desde el exterior, sin un diálogo y una mediación que sea creíble», consideró.
En la crisis hondureña hay un claro espacio «para un protagonismo norteamericano en la mediación» ya que «posiblemente el único presidente que puede ser creíble en este contexto es Obama», dijo.
Pero «Chávez posiblemente no va a querer que ocurra eso y apostará a que se consolide Zelaya y eventualmente pueda crear su propia Constitución con una asamblea constituyente, como ya ha ocurrido en otros países», pronosticó.
Para la estadounidense Carmen Diana Deere, directora del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Internacional de Florida (FIU), no está claro que Obama quiera jugar algún capital político en la crisis de Honduras.
«No estoy segura que a Obama le interese tener una intervención, creo que es un dolor de cabeza más para su administración, y pone a la Casa Blanca en una situación incómoda», dijo.
«Los amigos de Zelaya son Chávez y el Gobierno cubano, con quienes Estados Unidos tiene mucho cuidado», agregó. Además, cualquier papel de la Casa Blanca en Honduras «es complicado, por todos los años de intervención en Centroamérica».
«Por el rol que jugó Honduras en los 80, en la guerra contra los sandinistas y El Salvador, tienen que haber aún lazos estrechos entre los militares hondureños y estadounidenses, y también con la CIA», reflexionó. «Para Estados Unidos ésta es también una oportunidad para demostrar que aquella época quedó atrás y que ya no hay lugar a golpes», finalizó.


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