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El crimen altera la vida dramáticamente en la Venezuela chavista
En el país, que tiene una tasa de homicidios quince veces mayor al promedio mundial, se puso de moda el blindaje de autos y una aplicación para “rescatar” a personas en peligro en la calle. Salir de noche, hábito en desuso.
PÁNICO. Las protestas por la inseguridad se convirtieron en una postal frecuente de las ciudades venezolanas en los últimos años.
Como ella, muchos en Venezuela usan un celular analógico en la calle. El smartphone se deja en casa, o nunca se saca de la bolsa.
En Caracas surgió una iniciativa para acompañar a quienes sufren problemas en la vía. Con chalecos fosforescentes, cascos, gafas oscuras y radioteléfonos, seis hombres viajan raudos en sus motos para rescatar a Carmen García, estudiante de medicina que se quedó varada en una autopista.
Tardaron sólo ocho minutos en llegar desde que ella, temiendo un atraco o secuestro, activó en el celular la aplicación Pana. Los llamados "operadores de acompañamiento" la escoltaron hasta un sitio seguro. El servicio anual de "acompañamiento" cuesta unos seis dólares, pero las labores de asistencia tienen un valor adicional.
En Blindacars Express, en un centro comercial del este de Caracas, su gerente Julio César Pérez entrega a un cliente dos enormes camionetas negras a las que acaban de instalar en los vidrios el "laminado antivandálico" de mayor grosor.
"Cada vez más la gente requiere este servicio. Los delincuentes no discriminan clases sociales. Aquí vienen vehículos de baja, media y alta gama", comentó.
El dueño de las camionetas explica que en una se trasladan su esposa e hijos y en la otra, él viaja a menudo fuera de Caracas, donde los hampones suelen tirar piedras, palos o botellas para obligar a los viajeros a detenerse y así robarlos o secuestrarlos.
Al ocultarse el sol, la soledad reina en las calles de Caracas y otras ciudades del país, castigado además por una grave crisis económica. Otrora llenas de luz y bullicio, las noches venezolanas se apagan.
"Mi vida nocturna se redujo totalmente. Antes salía todos los fines de semana, ahora muy poco. Desde que salgo de mi casa me siento en peligro. Si voy a la discoteca, pago transporte a un conocido, no confío en los taxis", dijo Adrialis Barrios, comunicadora de 23 años.
Muchos prefieren las reuniones en casa. Es más seguro y barato. Algunos rumberos arriesgados optan por esperar a que amanezca para volver a sus hogares.
Eglis Torres, maestro constructor de 60 años, pasó la noche en un banco del aeropuerto de Maiquetía -a 35 km de Caracas- cuando hace unos meses iba de viaje por trabajo a Costa Rica.
Su esposa Neila lo acompañó en la larga e incómoda espera. Llegaron a las cinco de la tarde y el vuelo salía al día siguiente a las siete de la mañana. Torres hizo el check-in tres horas antes y ella esperó la salida del sol para regresar a Caracas en colectivo, en grupo.
Es usual ver gente durmiendo en los bancos y hasta en el piso junto a sus valijas. Pero tampoco adentro es seguro. Ha habido estafas, robos y hasta asesinatos.
| Agencia AFP |


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