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El desquicio del populismo
Mahmud Ahmadineyad
Durante los cuatro últimos años, las exportaciones iraníes de petróleo y gas alcanzaron los 272.000 millones de dólares, frente a 172.500 millones en los ocho años de presidencia del reformista Mohamad Jatamí (1997-2005).
Pero estos ingresos, en auge gracias al alza vertiginosa de los precios del crudo en los mercados mundiales, coincidió con una fuerte inflación en los productos de primera necesidad. Como resultado, uno de cada cinco iraníes vive por debajo del nivel de pobreza.
Para el economista Said Leylaz, los principales problemas serán «el estancamiento económico y el déficit presupuestario».
«Durante los últimos cuatro años, el crecimiento de las inversiones fue más débil que el crecimiento económico, lo cual es peligroso», dijo. La estabilidad y «la economía liberal que potencia al sector privado» son los únicos medios para apoyar el crecimiento, añadió.
Un proyecto que será en cualquier caso difícil de materializar, teniendo en cuenta que Irán se ha visto aislado de la comunidad internacional y privado de inversiones occidentales en el sector de los hidrocarburos a causa de su controvertido programa nuclear.
Desde hace cuatro años, las grandes empresas occidentales han congelado sus proyectos energéticos en el país.
Leylaz estima que «los eslóganes de justicia económica» de Ahmadineyad son justos pero que las medidas puestas en marcha para conseguirla son propias de un «aficionado».
Los enormes préstamos a baja tasa de interés distribuidos en todo el país han agotado los recursos bancarios, sin que hayan tenido una utilización correcta.
La caída de las tasas también tuvo efectos nefastos, sobre todo cuando eran inferiores a la inflación.
«Hubo casos de personas que obtuvieron préstamos al 10% y los vendieron luego a otras personas a una tasa superior al 25%. En la historia bancaria, jamás se ha visto tal corrupción», dijo Leylaz.
Ahmadineyad defiende su programa económico alegando que la economía iraní es «estable» y que la inflación se debe al alza de los precios mundiales.
El único programa bien recibido por los economistas fue el que atribuía préstamos a bajo interés para la construcción de viviendas, según Ghaninejad.
Agencia AFP

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