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El día después K: balance de daño y menú de culpas
• ENTRE ZONA HOSTIL Y PASO FALLIDA.
• LA INTERNA COMUNERA.
• LA REMONTADA DIFÍCIL.
Mariano Recalde y Daniel Filmus
Los sucesivos derrapes -los dos más exitosos que el de Mariano Recalde de anteayer- de Daniel Filmus, el 11% de Carlos Heller en 2009 y el 17,8 de 2013 destemplan con las victorias de Cristina de Kirchner en la PASO y la general de 2011, una foto atípica en la secuencia electoral del 54% de la reelección.
La tentación fácil de los ultra-K fue atribuir a los antecedentes sus males sin entender como un fracaso propio que esa realidad adversa estaba ahí desde antes y que, en todo caso, la destreza de un armador político y fijar una estrategia para sobreponerse a una negatividad latente.
El domingo, narcotizado por los boca de urna que daban al FpV como segunda fuerza y a Recalde peleando voto a voto con Martín Lousteau, el kirchnerismo neocamporista se montó a la ilusión de salir a polarizar con Horacio Rodríguez Larreta, una especie de variante espejo de la disputa presidencial: si arriba antagonizan el PRO y el FpV, ¿por qué en Capital no puede repetirse ese duelo?
Simple: porque Lousteau, el exministro cristinista, que engrosa el "casting defectuoso de Cristina" según el criterio de dos embajadores K, se metió en un segmento donde el kirchnerismo no supo entrar.
De las quince comunas, el FpV quedó tercero en diez y en las cinco que superó a ECO lo hizo sin holgura. En el TEG cristinista, el staff de "progres" que conformaron Gabriela Cerruti, Aníbal Ibarra y Carlos Heller -si hubiese competido solo, no hubiese pasado a la general- debían disputar los votos con Lousteau. Recalde es peronista y la campaña la peronizaron La Cámpora y el PJ porteño que administra Víctor Santa María.
Las PASO, en teoría, debían servir como ampliación de ofertas para sectores medios y para la progresía porteña pero como quedó resuelta de antemano porque fue explícito el apoyo de la Presidente y del Gobierno a Recalde, ninguno de los demás supo -quizá a ninguno lo dejaron- constituirse en una figura interesante para el votante cercano que se pare, siquiera discursivamente, como una versión diferente de lo mismo.
"Para lo único que sirvió es para jubilar a varios" dijo ayer un neocamporista. En verdad, el cierre K en la Capital evitó fuga de dirigentes pero fracasó, luego, en volver atractiva la interna, en parte porque la proliferación de postulantes en vez de multiplicar, le quitó atractivo.
En un solo plano la PASO K tuvo sentido. En un puñado de comunas, La Cámpora -a veces aliada a Kolina- compitió contra el PJ de Santa María y Juan Manuel Olmos: ganó en tres y perdió en dos. Esa interna chica, de entrecasa, es un indicio de lo que puede venir en otros territorios donde La Cámpora apostará a convertirse en una expresión que salga de la superestructura y tenga jefes locales y, si puede, alcaldes.
"Nos van a atacar a nosotros para atacar a Cristina", admitía, ayer, un K. En otra usina, gobernadores por la desazón, se exploraba el peor escenario: que la elección porteña se polarice entre Rodríguez Larreta y Lousteau, y en vez de crecer el FpV caiga o, como mucho, retenga el caudal de votos, por debajo del 20%, que acumuló el último domingo.


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