Roma - Estas elecciones dejan dos ganadores, pero ningún triunfador. Porque todo es posible después de estos memorables comicios en Italia en los que ningún partidos consiguió la mayoría para gobernar. "Estamos navegando en mar abierto, como Cristóbal Colón, y no sabemos qué hay al otro lado", dijo el politólogo Giovanni Orsina, de la Universidad Luiss de Roma.
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Dos fuerzas antieuropeas hundieron a los eurófilos del Partido Democrático, de Matteo Renzi, y de Forza Italia, del ex primer ministro Silvio Berlusconi. A tenor de los resultados, la "vieja política" parece caduca e Italia parece asomarse a una nueva era.
Antimigración y antiélite: estos dos términos simbolizan el éxito electoral de la Liga Norte y del Movimiento 5 Estrellas. Salvini supo aprovechar hábilmente la crisis migratoria y anunció el fin de la "invasión de ilegales". En el norte de Italia, donde la Liga lleva firmemente enraizado desde hace años, el partido xenófobo logró más del 40 por ciento de los votos.
Por su parte, el M5S apostó por la decadencia del odiado "establishment", lo que le permitió cosechar en muchos lugares del sur de Italia más del 60 por ciento. El partido se ha convertido en un crisol integrado por frikis de internet, visionarios, fantasmones revolucionarios, izquierdistas y derechistas, descolgados y académicos.
Lo que demuestra la frustración de muchos italianos es el hecho de que votaron por el Movimiento 5 Estrellas a pesar de que este partido mostró un desempeño bastante lamentable en los lugares donde ya está gobernando, por ejemplo en Roma, donde la alcaldesa del M5S, Virginia Raggi, es todo menos una figura deslumbrante. La propia Unión Europea tiene parte de la culpa de este resultado electoral. Durante muchos años, Italia se han sentido abandonada a su suerte en su enfrentamiento al problema migratorio. "Me duele ver cómo la conducta insolidaria en materia de la migración ha llevado agua a los molinos de los populistas y los ultraderechistas", dijo el ministro de Relaciones Exteriores de Luxemburgo, Jean Asselborn. No en último lugar, las duras medidas de austeridad impuestas por Bruselas, e inspiradas sobre todo por Alemania, fueron interpretadas por una gran parte de los italianos como una conspiración del rico norte contra los pobres países mediterráneos.
Los dos partidos exigen una remodelación de la UE y una política de austeridad menos rígida. Sin embargo, durante las semanas previas a las elecciones se multiplicaron en el Movimiento 5 Estrellas las voces que coincidieron con lo que su líder Luigi Di Maio había declarado al periódico alemán Die Welt: "Nosotros perseguimos objetivos políticos que tradicionalmente son atribuidos a la izquierda, pero también objetivos de carácter liberal. Por principio, la derecha es nuestro enemigo político".
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