- ámbito
- Edición Impresa
El dilema de Geithner: devaluar el dólar sin perder confianza
Robert Rubin, secretario del Tesoro durante la presidencia de Bill Clinton, fue el abanderado de la política de «dólar fuerte». Timothy Geithner hoy enfrenta un panorama mucho más complicado para mantenerla en pie.
Es posible que la caída del dólar estimule las exportaciones de Estados Unidos conforme la economía se recupera de la peor recesión desde los años treinta del siglo pasado. El riesgo es que también puede ahuyentar a los mayores acreedores del país precisamente en momentos en que el Tesoro depende más que nunca de los inversores extranjeros, para que compren los bonos que financian el programa de estímulo de Obama. La participación de los dólares en las reservas mundiales de divisas bajó en el segundo trimestre al 62,8%, la proporción más baja en al menos diez años, de acuerdo con datos del FMI.
«Puesto que el dólar estuvo débil y debilitándose por años, Geithner usaba una frase cifrada, un residuo de la administración Bush», interpretó David Malpass, director general de la firma de investigaciones Encima Global. «Lo que quiere decir es que Estados Unidos acepta el debilitamiento constante del dólar, pero no quiere que haya un colapso perjudicial», agregó Malpass, ex economista jefe de Bear Stearns y subsecretario del Tesoro entre 1986 y 1989.
La caída del dólar de un 15% frente al euro y del 11% contra el yen desde principios de marzo está ahondando la inquietud entre los líderes mundiales. Al mismo tiempo, los estadounidenses se están empobreciendo más y más. La riqueza neta per cápita bajó a u$s 172.749 en agosto desde su pico de u$s 212.599 en setiembre de 2007, según estadísticas gubernamentales. Un Informe de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Humano, emitido el 5 de octubre, indicó que Estados Unidos cayó a la posición número 13 en calidad de vida en una tabla mundial de 2007 desde el número 5 en el 2000.
El presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, señaló, en línea con lo expresado por Geithner, que es «muy importante» que haya un dólar fuerte. Toyoo Gyohten, uno de los asesores del nuevo ministro de Finanzas de Japón, consideró que «no hay mejor alternativa que el dólar». Asimismo, el primer vicepresidente de Bank Rossii, Alexei Ulyukayev, aseguró que Rusia seguirá comprando bonos soberanos estadounidenses porque no hay aún una alternativa realista al dólar.
«Reconocemos que el papel importante del dólar en el sistema nos impone cargas y responsabilidades especiales y vamos a hacer todo lo que sea necesario para garantizar que mantendremos la confianza», dijo Geithner a los periodistas después de reunirse con sus pares y jefes de bancos centrales del G-7 en Estambul esta semana. Los comentarios llegan después de que las autoridades de China y Rusia hicieran llamamientos en pro de una alternativa a la principal moneda del mundo en las reservas de divisas.
«Los países emisores de las principales monedas de reserva deberían tomar en cuenta y sopesar las posibles consecuencias de su política monetaria tanto para sus propias economías como para la economía mundial con miras a mantener la estabilidad de los mercados financieros internacionales», indicó el presidente chino Hu Jintao a los líderes del G-20 en la reunión de Pittsburg en setiembre.
Cuando Ronald Reagan fue elegido presidente en 1980, su plataforma abogaba por una «OTAN fuerte», «un liderazgo fuerte», «una paz fuerte» y una moneda fuerte. «Se restaurará una política monetaria sólida, diseñada para inspirar confianza en el dólar estadounidense en el exterior, así como para reducir la tasa de inflación del país», consignaba un folleto de su campaña electoral.
La preferencia por un dólar fuerte se restauró bajo Lloyd Bentsen, el secretario del Tesoro de Bill Clinton, en 1994 y la frase fue usada asiduamente por sus sucesores, Robert Rubin, ex copresidente de Goldman Sachs, y Lawrence Summers, quien ahora es el principal asesor económico de Obama.
El índice del dólar de Intercontinental Exchange, que sigue la evolución de la moneda frente al euro, el yen, la libra, el dólar canadiense, el franco suizo y la corona sueca, subió un promedio de un 4,93% por año entre 1996 y 1999 cuando Clinton estaba en el cargo.
«Al no variar la declaración, nunca surgieron dudas de que si un comentario conllevaba un cambio sutil o no en la política respecto al dólar», sostuvo el ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan a sus colegas del banco central en 2001, según el acta de la junta. «Era aburrido, era soso, era repetitivo, no era intelectual, y funcionó a las mil maravillas», añadió entonces.
Agencia Bloomberg


Dejá tu comentario