17 de marzo 2017 - 00:20

El estrangulamiento del Departamento de Estado prenuncia una rebelión republicana

El Gobierno de Donald Trump justifica el ajuste en la necesidad de ser más eficientes y en el exceso de gasto de Barack Obama.

Rex Tillerson
Rex Tillerson
Washington - El Departamento de Estado norteamericano es uno de los afectados por los recortes presupuestarios del presidente Donald Trump, aunque su secretario, Rex Tillerson, los defiende como paso para establecer una diplomacia y un sistema de ayuda al desarrollo "más eficaces".

Aunque este plan tiene pocas posibilidades de ser aprobado tal cual por el Congreso, el mandatario -que ganó los comicios con un programa nacionalista y aislacionista- quiere reducir un 28% la partida destinada a la diplomacia de la primera potencia mundial.

De ser adoptado, provocaría un terremoto en el poderoso y venerable Departamento de Estado, fundado en 1789 y compuesto por 70.000 personas repartidas entre la sede central en Washington y las 200 embajadas y consulados que tiene en todo el mundo.

El Departamento y su agencia para el desarrollo internacional, USAID, tendrían que manejar unos fondos de 37.600 millones de dólares para el año fiscal 2018 -que comenzará el próximo 1 de octubre-, frente a los 50.900 millones actuales.

Los pocos altos funcionarios de la administración de Barack Obama que todavía conservan su cargo denunciaron los "grandes" recortes que sufrirá su partida, pero creen que se avecina un "largo proceso" de negociación entre la Casa Blanca y el Congreso antes de que el Presupuesto obtenga luz verde.

La exsecretaria de Estado adjunta para el sur de Asia, Nisha Biswal, criticó en Twitter lo que para ella son "recortes desestabilizadores e irresponsables en tiempos de desafíos mundiales excepcionales, guerras y hambrunas". La diplomática también manifestó su esperanza de que el Congreso intervenga.

Senadores republicanos que teóricamente deben apoyar al presidente condenaron hace unos días la drástica disminución sugerida para el Departamento de Estado y el USAID.

Marco Rubio ya advirtió que "la ayuda al exterior no es caridad" y defendió su papel crucial para garantizar la seguridad de Estados Unidos.

Lindsey Graham, por su lado, avanzó que el plan presupuestario estaba "muerto de antemano".

El representante demócrata Bennie Thompson también condenó ayer "el primer Presupuesto del presidente Trump, que no es más que un fantasma conservador para desgarrar el Gobierno sin ningún tipo de justificación racional".

Un consejero de Seguridad Nacional del expresidente George W. Bush también hizo sonar las alarmas por la influencia que puede perder el país en el extranjero, una de las grandes preocupaciones de los militares estadounidenses.

"En Irak y Afganistán aprendimos que nuestros Ejércitos necesitan un aliado civil eficaz si queremos que nuestras victorias en el campo de batalla se transformen en paz duradera", subrayó Stephen Hadley en un artículo publicado ayer en The New York Times.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, advirtió además que las finanzas de Naciones Unidas sufrirán una "brusca reducción" por la decisión de Trump, según la cual Estados Unidos sólo participará con "un 25% de los costos de las operaciones para el mantenimiento de la paz".

Tillerson, exdirector general del gigante petrolero ExxonMobil, les dijo a sus empleados en un correo electrónico enviado desde su gira por Asia que "el compromiso (internacional) de Estados Unidos y la ayuda deben ser más eficaces".

"El nivel de gasto alcanzado en el Departamento de Estado en el pasado, sobre todo el año pasado, es simplemente insostenible", agregó Tillerson, que asumió su cargo el 2 de febrero.

Agencia AFP

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