4 de octubre 2011 - 00:00

El expansionismo de Brasil encuentra un límite en “aliados”

Evo Morales sonríe la semana pasada en una ceremonia en honor a la Pachamama. Una ruta financiada y a ser construida por capitales brasileños lo enfrentó con indígenas, otrora miembros de su base electoral.
Evo Morales sonríe la semana pasada en una ceremonia en honor a la Pachamama. Una ruta financiada y a ser construida por capitales brasileños lo enfrentó con indígenas, otrora miembros de su base electoral.
San Pablo - La paralización en Bolivia de una obra brasileña de 420 millones de dólares, rechazada por grupos indígenas, expone la volatilidad de algunos rincones de América Latina y podría repetirse a medida que constructoras brasileñas aceleran su agresiva expansión regional.

La oposición a una carretera de 300 kilómetros que la empresa OAS proyecta abrir a través de una reserva en la selva amazónica puso en una situación delicada a Evo Morales, el primer presidente indígena en la historia de Bolivia.

Además, dejó en suspenso la ambición de Brasil de ganar una salida al Océano Pacífico para exportar a China. La ruta de la discordia en el corazón de Bolivia es parte de una red que conectará Brasil con un puerto en el norte de Chile.

«A medida que Brasil expande su influencia con una mayor presencia física en América Latina va a encontrar más situaciones de este tipo», dijo Karen Hooper, analista para América Latina de Stratfor Global Intelligence en Austin, EE.UU.

Constructoras brasileñas como OAS están involucradas en decenas de proyectos desde Guatemala hasta Argentina financiados por el estatal Banco de Desarrollo (BNDES), cuyos desembolsos en la América Latina llegarán a 870 millones de dólares este año.

En Bolivia, el Gobierno brasileño tiene previsto financiar el 80 por ciento de la construcción de la ruta, que los indígenas ven como un camino a un infierno de narcotraficantes y madereros ilegales. Tras la renuncia de dos ministros después de que la policía reprimiera a los manifestantes hace poco más de una semana, Morales dijo que sometería la construcción de la ruta a un referendo. Pero no quedó inmediatamente claro cuándo.

Un ejecutivo de OAS no estuvo inmediatamente disponible para hacer declaraciones.

Las manifestaciones han hecho asomar sentimientos contra Brasil, cuya embajada en La Paz fue blanco de protestas al grito de «¡Wañuchun carretera!» (¡Muera la carretera!, en quechua).

Alcides Vaz, del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Brasilia, destacó que las empresas brasileñas están acostumbradas a ciertos niveles de riesgo.

«La proyección de nuestros intereses económicos en los países vecinos está sujeta a estas vicisitudes», dijo el analista. «Las empresas entienden que están actuando en países donde están sujetos a varias formas de inestabilidad», agregó.

De hecho no es la primera vez que una constructora brasileña encuentra problemas en América Latina.

Odebrecht fue expulsada de Ecuador en 2008 por negarse a indemnizar al Estado por problemas en una obra. Morales canceló en 2007 un contrato de la brasileña Queiroz Galvao para construir una carretera en Bolivia y echó en 2006 a una siderúrgica del inversor Eike Batista, el hombre más rico de Brasil acusado de operar ilegalmente en el país. Y puede no ser la última, considerando que el BNDES tiene una cartera de proyectos por 17.200 millones de dólares en América Latina.

«Brasil tiene mucho que ofrecer a la región en términos de inversiones y no es el tipo de inversiones que estos países están recibiendo de otras fuentes. Por lo tanto, es difícil decir no, pero al aceptarlo los países abren nuevas heridas a nivel doméstico», dijo Hooper, de Stratfor.

«Por la forma en que esta influencia está siendo implementada, Brasil va a chocar con el mismo problema una y otra vez. No es necesariamente algo terrible. Los países están recibiendo capital y están todavía obteniendo carreteras», añadió.

Tras enviar en agosto al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva a Bolivia para intentar disipar las protestas, el Gobierno brasileño dijo esta semana que confía en un «entendimiento sobre el trazado de la carretera».

«Tenemos que dar tiempo hasta que esta situación evolucione. No creo que hayamos llegado al punto de no retorno», dijo Vaz, de la Universidad de Brasilia.

Agencia Reuters

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